viernes, 23 de septiembre de 2011

Quien, sobre un elevado escaño en las exequias vocifera el panegírico, hace alarde y olvida al festejado,  su corbata fina, la alabanza general.
No me busques nidos en los pechos, ni caminos largos a mi casa, pues mi puerta abro sin miedo a la ciudad, oscura y sola, atosigada de nubes que respiras, y envenenas.  No me preguntes sobre el dinero con que compro, porque no compro me despojan, hasta el último temblor, ese que deseas para sacar la lucidez que hace tiempo has perdido en mitad de la calle.   El sonido sordo de vestidos que lucen las veredas, son l risa de un payaso solitario que une sus brazos a sus compañeros ebrios, tan ebrios están para no sentir que el amanecer será el brujo con su garfio que avanza día a día el  calendario,  así la muerte nos mira de soslayo, nos engañamos masticando el cáliz multicolor pisoteado por la multitud,  y seguimos siendo el falso yeso en la mesita de noche de un poderoso. 

jueves, 15 de septiembre de 2011

SÍLABAS


Las sílabas de un bosque inexplorado  me relatan
lo que dejamos afuera nublando el firmamento
para llamar estrella a todo lo que brilla
torpe seducción pan perdido,

para llamarla  estrella.

Agotan  las manos compasivas que remontadas de un brinco
se cuelgan del árbol que  asombra,
pero el poema es termita que ablanda la madera
y un  sueño que la ciudad violenta
sin compasión.

Encontramos un  botadero de papeles  escritos 
ahuyentados  por el viento
con nuestros rostros,
seguimos con el óleo y la mirra



y estallan las arterias en un loco  paraíso
que a nadie hechiza.

Nuestras calles se aposentan veneradas,
nuestras huellas,
por cada simulación de amarlas 
estremecemos,

embanderándonos  a última  hora
en el rastro imperceptible. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Animal

Mi estómago es un cordel que se asoma,  me roza, tantea mi víscera, se asoma, huye, se asoma,  lo palpo como preña y voy en una balsa cubierta de trozos,   un animal muerde la madera y salpica astillas mojadas que entierran sus puntas en mis ojos.  Porque aquí helado mi entorno de hielo una lápida en mi nombre antiguo, mi cuerpo malherido y las voces esos agudos ruidos, mis pies quedan sobre el suelo helados, muy fríos, no voy a beber el líquido mientras los labios supuren, las palabras gritan retenidas en mis mandíbulas rezuman con este dolor en las sienes, los párpados ciegan  imágenes, todo ruge en un  tenebroso pozo donde me quedo a lamerme  los reflejos donde escribo los últimos signos en las tablas, me encierro, vuelo debajo de la montaña, no respiro, soy la vena llena golpeando los objetos y busco algo que saque de mi estómago este nudo que se acerca a mi lengua, comienza mi páncreas a endurecerse como  restos del aire hacia el mar,  cemento en mis fosas nasales, ya no grito, no grito, no hay sol. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Quién maldijo al mundo

Por qué no he podido a pesar de los embustes
reconocer que no soy capaz,
no soy capaz de sostener sola esta tierra,
esto de sentirme responsable del mundo
que si partiera este planeta con un escupitajo
causando una avalancha
nadie me indicaría con el dedo extendido,
creyéndome la espada guardada siglos sin filo,
esos hombres,
esos hombres no son más que  reyes de una vez
que pusieron precio a la lindura oliéndome
el perfume de la flor sujeta en mi oreja,
y así adivinaron,
huyeron.
No fui yo quién maldijo al mundo.
Por mi culpa no se labora con el sudor de la muerte,
corté la rama entre brumas no miré la cáscara
y salí de las auroras dulces
sangrando entre las piernas
sin quejidos,
sin placer.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La escuela y el francés

Me encantaba ir a la escuela, a la Escuela de Aplicación anexa a la Normal de Antofagasta, me gustaba ese día seis de agosto, el día de Bolivia, porque ese día todos homenajeábamos al país vecino, había celebraciones, revistas de gimnasia, y se repartía helados y dulces.     Íbamos a las “academias” diferentes artes u otras actividades que luego se llamaron extraprogramáticas y ahora talleres.  Fue todo lo que me atrajo de la educación en la escuela.  Recuerdo que estudiaba el hijo de la “empleada doméstica” y el hijo del médico.  No conocí el paraguas hasta muchos años después.
Una  vez me encontré un librito viejo con letras desteñidas, y le pregunté a mi mamá que fue profesora, qué era ese libro, y me dijo que existía un idioma muy lindo que se llamaba francés.  Así llegó el francés a mis oídos y a mi vida, mi mamá me repetía la pronunciación cuando yo le preguntaba, y luego encontré en una enciclopedia de mi casa  una parte donde se enseñaba gramática..  Adoro ese idioma, por ese idioma comencé a conocer los poetas,  y los malditos precisamente.   La sonoridad de los vocablos, su sensualidad y su ritmo fueron mis compañeros cuando yo era una niña. 

nube

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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