Mi estómago es un cordel que se asoma, me roza, tantea mi víscera, se asoma, huye, se asoma, lo palpo como preña y voy en una balsa cubierta de trozos, un animal muerde la madera y salpica astillas mojadas que entierran sus puntas en mis ojos. Porque aquí helado mi entorno de hielo una lápida en mi nombre antiguo, mi cuerpo malherido y las voces esos agudos ruidos, mis pies quedan sobre el suelo helados, muy fríos, no voy a beber el líquido mientras los labios supuren, las palabras gritan retenidas en mis mandíbulas rezuman con este dolor en las sienes, los párpados ciegan imágenes, todo ruge en un tenebroso pozo donde me quedo a lamerme los reflejos donde escribo los últimos signos en las tablas, me encierro, vuelo debajo de la montaña, no respiro, soy la vena llena golpeando los objetos y busco algo que saque de mi estómago este nudo que se acerca a mi lengua, comienza mi páncreas a endurecerse como restos del aire hacia el mar, cemento en mis fosas nasales, ya no grito, no grito, no hay sol.
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