martes, 27 de enero de 2015

De Ejercicios


El mar se acerca con su libro infinito y mis ojos se mecen
en la cubierta, en mi oficina.
Es media mañana, y mi café humea.
Los edificios de enfrente reflejan el sol de los cerros.
Las plantas crecen inmóviles y mi carácter se siente conmovido.
Las redes que me das en la mañana duelen,
como un sátiro en la noche, como un felino que rasguña.
Y mi carne se hace una muralla invencible,
los bamboleos del agua son infinitos,
yo te sigo y no me llamas.
Arde el pelaje de mi pecho.
Se mueve la cadera.
El lápiz en el suelo de mis dedos desprendido.
Todo rompe en tus labios, con una inicial certera,
que me indica la puerta, y el reloj no dice la hora.
Yo sabré llegar hasta ti, como el sonido a  la oreja,
no se siente el murmullo de lo que no te interesa.
Yace la lánguida flor entre mis papeles, y el computador se apaga.
Yo marco inútilmente los números exactos.
El mar mueve sus ondas y

se derrama en mi ventana.

MONÓLOGO INTERIOR


No soy un mártir,
no soy un llorón bajo un árbol roto,
pútrido que suena en el río,
y yo manejo al río,
ese cenicero corriente,
esa enfermedad,esa agonía.
No me dejes sola yo no quiero avanzar sin ti,
sé que no me llevarás que no te doy suerte,
no, la suerte no es un detalle, cuando lo que queremos es la victoria.
Antes estuve enferma, pero quise sanarme,
ven no te vayas,   déjame hablar a tu lado, escribir entre los ríos
y volcanes que palpitan en mis huesos.

Luego dormiremos en el pasto,
asoleado, esta escritura, esta conciencia.

Hay oscuros pensamientos,
en la flor del lote en la colina sangreada,
en los países violentos,
hay gente gentil, generosa, solidaria.
Tomó mis manos, y bebimos y brindamos.
Yo no voy a renegar de lo que me tocó vivir,
yo te amaría como  el aire que se desliza  por mis ojos,
por mi cuerpo entero,
hasta el amargo trago de la noche,
y el más dulce del día.



jueves, 22 de enero de 2015

La melodía del manzano

Una vez amé y lo seguí por los cerros 
yo fui en Valparaíso adolescente
en la periferia de la ciudad,
donde el aroma a la carencia me dejó plegar alas en la madera trizada.
Me sonreía con su guitarra, cantando la melodía del manzano.
La soledad gris,
la soledad soleada,
la soledad luminosa que araña en tu interior,
ese raspacachos del que te avergüenzas. 
Soledad de recovecos y de sombras,
lo necesario para darle al alma una piedra y
aserrucharle la vida a las arterias blanquecinas
que ya en la tarde no me sienten. 

miércoles, 21 de enero de 2015


El mar se acerca con el libro infinito de mis ojos 
en la cubierta. 
Es media mañana, y mi café humea.
Los edificios de enfrente reflejan el sol de los cerros. Y más allá el agua. 
Las plantas crecen inmóviles en sus maceteros y mi carácter se siente conmovido.
Presa en estas redes que me das en la mañana duelen,
como un sicario llora en la noche, como un felino duerme rendido
desfallezco. 
Y mi carne triturada es muralla invencible,
los bamboleos del agua  infinitos,
y no me llamas.
Arde el pelaje de mi cuerpo.
Se mueve la cadera.
El lápiz en el suelo de mis dedos desprendido.
Todo rompe en mis labios con una inicial certera,
que me indica la puerta, y el reloj no indica la hora,
me he quedado acordándome,
sabré llegar  llegar a ti, como un sonido a  la oreja,
como la flor de mi tiesto,
y el computador se apaga,
para apagar estas imágenes 
yo marco inútilmente los números exactos.
Se apaga como si ese ladrido fue de hace años y está suspendido entre nubes
y el oscuro sueño. 
El mar mueve sus ondas y
se derrama en mi ventana,
y los sueños se escapan con el agua
limpiando la sangre de mi sien.

lunes, 19 de enero de 2015

CENIZA Y VIDA


Cenizas que conducen  a la sobrevivencia,
y a  la agonía
nos dan alas nuevas.
Son cenizas tibias,  por las que toso con ahínco,  me rompo los puños  por ellas,
y se meten en mis pulmones,
ese fino hilo de aire en la grieta de la carne, 
el calor es agobiante, 
tu huella abierta a la luz de las miradas atónitas
sobrevuela el aire que lleva. 
Soy tu hija que contempla. 

Madre, la tierra hizo tu nombre,
busca las guaridas  que te criaron,que te sacaron del fuego,
y recuerdo el revuelo del  sombrero en ascuas que se fue con el viento
del desierto donde naciste del óvulo caliente.
Hay un objeto     respirando 
en cada     pensamiento
y no espacio para desaparecer de mí. 


.............................................................

La sobremesa vecina 
sus risas     sus conversaciones
apagan las campanas  de las tres,
de las siete y de las diez, 
y los que fueron mis amigos  
tienen sus cenizas 
volando en la mesa.

............................................................



Hay colores   en las horas finales,
hay un camino que va más lento, 
para moldear los ojos   
y construimos 
nuestra  mirada    propia, 
desde esa soledad

mirándonos    
ensimismadas

esas ausencias     
sin palabras que guían a parte alguna 
y que nadie se entera    
de nuestra perdición, 
de nuestro mundo extraño,

pero sé que hay una salida en el paisaje oscuro  
donde prendemos albores que hablan

que dicen la garganta dulce de años lejanos    
que no supimos sostener,

hay una fase lunar    oculta
y siempre buscamos    en  la inmolación
de algún lirio enterrado
en la muñeca del  sótano,
en el esquivo atardecer

la idea de permanecer 
en las sensaciones  que  vuelven 
y  encienden 
lo que creímos vivir. 






miércoles, 24 de diciembre de 2014

HIJA DEL AGUA





1

Estoy como las flores  en el viento y en el humo.
Que tengo afanes y
que el fuego de la carne  me entrega el entusiasmo  de la noche y  el día, 
y estoy bien.

Hay umbrales constantes 
y la historia se queja a veces
en mi memoria,
y estoy mal
como la tarde se pone oscura un domingo.

Hay esquirlas y llagas y sombras y 
el vino que huelo me llama nuevamente
a sacar flores
para mi jarra de la mesa
donde escribo.

2

Un ave inmensa con sus alas en vuelo.
Un tic tac en la mañana y miro el cielo,
sus nubes y todas las ganas de levantarme,
y deseo que  el sol me roce sus muecas con optimismo.
Vamos entre la gente, entre sus vidas.
Una rueda sobre la escala mecánica.
una disuelta rosa revolotea el pecho, 
y nos vamos al aire antes de dormirnos, 
cuando es medianoche, 
y no hay quien nos hable. 


3

Mira la calle gris, todo es gris, hasta el reflejo sobre tu cuaderno de cubierta amarilla donde escribes  tus  cosas íntimas. La sonajera de papeles que él manipula atestigua que todo va lentamente como si el agua disminuyera en las canaletas llenas de desperdicios y los pájaros parecen haber hecho sus nidos. 
  


Tanto amaño, tanto laberinto, tanta galimatías.
Salud, dinero y amor, decía una canción.
Yo hablo como la piedra,
no aprendí el alfabeto grandilocuente.
Salud es lo que pido ahora,
lo demás en un tiempo
será el agua,
                     el silencio,



                                         la noche.
4
Ella cruza los espejos trizados,
diseminados cuerpos en el vidrio                                 
cuerpos  sujetos con alambres,
cuerpos amarrados a los rieles sumergidos.

Esos espectros  la devuelven a las tejas, a las nubes arreboladas,  
a la mancha y a la herida,
a las  rojas nubes tironeada.
En la escuela corean  la canción nacional.

Ella baila enredada a otras niñas 
Ella es luz de recodos,  luz que gime y penetra
en los  oscuros cimientos 
de las casas extrañas de niños,
de padres dormidos,  de preguntas de niños
que abren la puerta
entre barrotes untados de estiércol,
hay  un roedor alado
que tiene el hábito de emigrar.



5
Si no escribiera volvería a las leyendas
que a ojos cerrados cerré con llave el tiempo aquel
que hube destinado a los instantes
que mi madre leyera en japonés,
haciéndome creer que todo sería igual en todos los lugares,
y las películas cambiaron de color,
y los sombreros cuyas tiendas ya no existen,
serían una excentricidad.
Las leyendas que recibiera en cumpleaños como un regalo incitador,
como un dilema que escarbar,
con el sol luego del agua caída como letras runas de erudición,
después de todo
la panadería no daba para tanto.


6

Abierto el mundo fuera un fruto y una sombra
donde haces el amor.
Hace un tiempo largo y sin frustraciones
construyó en Antofagasta, para mirar las grandes uvas verdes,
bajo la sequía estéril donde fuimos felices, sin embargo,
padre, fuiste tú, antes de las muertes en la orilla núbil de otro comienzo
una modulación a mi porvenir.
Si el mundo fuera un pájaro para andar volando, decía,
si con sus picos recorrieran las mies que dejamos frente al Loa, 
cuando una tarde nos voló el sombrero cruzando la frontera,
y devolvernos a los senderos de nuestra historia.
Hay un abedul que ahora pisa las veredas, en mi sur,
y las cubre la presencia de esas flores
que los niños aprenden a cortar con sus ramas
sobre sus cabezas.
Se mojan su nariz, los ojos y ríen.
Hay mensajes ocultos que nos ciegan
y los niños corretean.
Hasta que vuelvan con sus parejas a pisotear el césped,
habrán cambiado los modales, el argot, las viseras por el sol
dibujadas en la frente, y tú en el aire,
pero seguirán los mercados arrendando la disímil lealtad
de los que no respiran el vapor en su sentido.
Están perdidos los pasos que una vez fueron convencionales.
Perdidos entre sur  y  norte.
Así en mi memoria prendes todavía el fuego.


7

Yo tuve un amigo en temporal,
cruzamos el puente meciéndose en temporal,
gritaba los países donde su nostalgia alimentó raíces.
Donde el olor a la tierra lo hizo volar,
yo tuve un amigo con el que no me acosté,
pues quiso hacerme rusa, francesa, checa, 
y yo no sabía nada más que expresarme en  chileno,
y lo dejé con su nostalgia,
lo soñé y volvió  en reiteradas noches a mi departamento de soltera,
lo oía merodear, al fin he vuelto me dijo
porque me gustas cuando hablas aunque estás como ausente,
y todo es más que vivir solo.

8


Me das de beber de la única huella que hizo su pañal a contraluz
en la hiedra del muro,
he besado a veces el hilo blanco de la red disecada.
De tu boca recorté los gemidos haciendo percibir tu voz entera al alba.
Y aquel rincón escuálido que rasgó una ilusión hacia la salida de mi sed,
ajetreada comisura que es vástago promisorio,
empezó una ciudad,
porque hay cosas ingenuas que se prenden, para ceder calladas en la noche del tren,
en un mural del pueblo, ser el dios bendito que los niños pronuncian.
Yo no sé si el vientre del animal fuerte alimenta más la imaginación, y los dados seguirán saltando solos.
Me das de beber,
aunque el labio supura tristemente
en la dura sequedad de los muros,
para reventar de incertidumbre cuando duerma.


9

Mujer saliendo del mar desnuda
del agua corriéndole por los muslos
con las conchuelas pegadas a los destellos en su piel.  
Y aprendí a vivir con la planta de la emoción sobre un cadáver
que me creó llegar del cielo,
vibrando entre las rocas
como en un temblor de tierra un perro aúlla como un lobo,
asustado de tanta luz
que una luna estentórea rezonga a su medida,
habiendo entre víboras lúcidas y lengua dulce,
sonrisas,
revestida ella de franjas, ingeniosas a ras de las márgenes
de un cola al mar.
Mujer que sale desnuda del mar con su jadeante sonrisa.

10

Cállate dije
porque no quise oír que hablaras de otras que como yo
supieron de ti
como  el día conoció a la noche a oscuras.
Los timbales nos mecieron tan bruscamente hacia las dunas.
Así fuimos dos perdidos entre copa y copa, en un pecíolo y estambres renegados en granate.
Mi cuerpo se juntó a los malos entendidos que gritaron a la ladera melosa.
A la encía vaporosa sin diente que reduzca
los salvajes alaridos aquella tarde,
en que las musas nadaron frente a ti y a mí con la burla del instinto de plástico de las muñecas. 
Yo reí en la ardiente cadencia y tú también.  
Y nos dimos vueltas de carnero en las hogueras ya apagándose
fuimos dos bestezuelas regurgitando
sobre arenas movedizas,
un lirio ahogándose.

11

Aunque hayas mirado mi cara y creíste que pensaba en otro,
aunque haya estado una tarde oyendo música de los ochenta y
pensaste que soñaba con otro,
aunque los años han pasado en este clamoroso vaivén
que es el mundo de hoy,
no es un sutil movimiento de tierra que va cayéndome
en la recreación de mi mente.
Yo te amo,
como un santo a destajo muerde sudarios,
hace frío y tengo hambre,
y tus ojos me saben a olor y tibieza,
tú eres el escogido, 
buenas son las noches a falta de tardes,
y el alba es tu arrebol
que cosquillea en mi antesala.
Yo soy una fruta verde siempre que esperas a madurar,
una suave seda que tomarás para posarla en tus aras,
un dintel que está para los temblores,
un tambor  cuando la música se acalle,
y recomenzarás tu danza en la novena nota de la misa.
Somos dos buscando
cómo coger conejos en la carretera,
a medianoche.


12


Tu sonrisa es una espina entre mis pechos atravesando
lugares sensibles,
tu sonrisa me ata a una sombra y me maldice,
y yo la atrapo alegre como si me fuera a pedir
lo que no tiene.
Marrón el sol cubre mi cuerpo adormecido en el suelo como una larva estrangulada en tu lengua,
como una dócil fierecilla amortiguada en un relámpago nacido de ti. 
Dame más de lo que ignoras, 
de lo que  no fue capaz de organizar el mundo mío,
dame tu rosado abedul que rasguña en un perímetro rectángulo del agua.
Hay estrellas que se han perdido, estrellas que el sol castigó,
luce otra vez el murmullo que me agobia, y voy a contemplarte unos segundos más.   

13


Vivo en una ciudad grande, pero más pequeña que la capital,
mucho más pequeña, infinitamente menor,
como un pensamiento sensual,
indefinible que no podría contar.
Suave el tono de provincia,
el matiz extraordinario de un nenúfar del pintor en las lagunas esparcidas.  Aguda es la nota del corazón
que escucha para escribir antes de la hoja blanca,
antes de la rosada nube hiriéndote,
antes de la gris escala que divisas
en la lluvia de un verano
en la velada de navidad.
No puedo pensar en sus parajes donde me perdí,
los rencores que admití, fueron sus miserias las que me trajeron a buscarla como las bandurrias se extravían y vuelan encontrando su color en la vegetación aledaña a sus ríos.
Hondonadas que existen recordándonos el temperamento de resistir los golpes los heraldos misteriosos y las luchas de las que renacimos. 
Los vecinos tosen ahora,
salen y golpean fuertemente el portón del antejardín,
y somos golpes de tierra, golpes humanos, nada que nos saque de la sequedad natural de los pasos que han resbalado de un árbol alto,
y nada que nos haga llorar apretadamente como un animal prehistórico
que nada tiene que hacer ahora en la ciudad tranquila
destinada a un designio inhabitable.
No piensa el sol que alumbra a la lombriz.


14

Es un escondite con música ambiental y dos candelabros de plata
robados a un cura.
Relucen en la mesa.
Me extraña este lugar enmohecido y lúgubre, mirándote a los ojos que están ciegos.
Nos conocemos largo tiempo,
sin embargo te siento extraño entre estos menesteres que no acaban de pisar el suelo con naturalidad.
Son dos llamas que albergadas se consumen con tu voz lenta y profunda,
y la mirada que te doy para aplacar este temblor nos distancian aún más.
Dos flamas, dos platos, dos copas, en la sala de un estigma.
No sabemos si saldremos a conocer el mundo de afuera,
tengo miedo de la excéntrica claridad de los que han nacido libres.


15

Un cante hondo a las tres de la tarde enroncha mi piel y la estremece desde el fondo,  los ojos que se han salido de sus cuencas tiritando  buscan eslabones esparcidos que le hagan juego y que la vía señale su destino plateado, más profunda que un viaje,  que dos hemos hecho juntos,
con nuestra imaginación hemos roto las ideas ajenas, sin oír los comentarios, los juicios, sin abrir heridas y trapos al sol.
Así estaremos los dos por el tremedal que se forma bajo nuestros zapatos, y nos vamos lejos, solos, pensando
que nos han echado de un paraíso sin expectativas.
Y nos apenamos con el grito arrastrado del cantor que nos entiende como sangran esos tiempos en nuestro tiempo y cantamos con ese grito de la calle que no calla en nuestros oídos.  

16

Seguiré por estas aceras en que han recorrido muchos
durante estos días de celebración,
los veo que compran,  se dan vuelta y cruzan
abruptamente en verde.
Y no se detienen.
El profesor con su acordeón mirándose hacia dentro
el solcillo ardoroso de sus párpados,
su lisa frente que brilla como el dorado de la marca de su instrumento.
Suenan las monedas al caer en su vasito de aluminio,
pone sus dedos las revuelve las saca y se las guarda sin sonreír
como en un acto cotidiano,
cómo si fuera su derecho nutrirse a cualquier precio
sin importarle las miradas,
aunque no hayas miradas,
porque nadie mira lo que se mira diariamente,
como un papel recorre las cunetas
como chilla el can cojo su dolor
como cada uno desliza su rencor
pasando el billete de mano en mano.

17

Sordo es quien no oye la organza resquebrajarse entre las llamas de mil novecientos sesenta y uno,  tampoco oye crepitar las cartas de amor fallido. No sabe  el sordo del policía que tuerce el brazo del delincuente y del revolucionario.  Hay cuerpos que columpian niños creciendo cuando los gatos los buscan por los tejados,  y en las sombras comen en su lugar  ingenuo.  Hay sordos en el mundo. Sordos de mar, sordos de estrellas, yerbas y pasos perdidos.   Un muchacho tomó mis manos, las dejó en mi cuerpo para entibiarlas. El silencio alberga la raíz que en una montaña bebió antes de formar al río y eyaculó en el mar toneladas de cuerpos ansiosos que no eran sordos. Estoy embarazada, y alguien estuvo sordo, dos quizás, no hay sordo quien no quiere oír. La muerte es sorda, o quizás la que mejor escuche.  La sordera es un mal que tiene palabras extraordinarias en la huesosa miel de los que queremos permanecer en el pecíolo cabeceando entre las  horas umbrosas.



18


Una pirámide guarda un silencio
de miles de años que no se abrirá
como una boca indiscreta pidiendo auxilio,
yace en la tierra el rostro amoratado de un infeliz,
y la huella que dejé habla ronco desde la oscura buhardilla
que está detrás del armazón construido
por hombres sin anhelos personales.
Suban,
suban al sol de sus mejillas sonrosadas
con la sonrisa a flor de piel,
a flor de agua y sudor
que no sangrará como los constructores remotos.
Una casa gotea entre sus tabiques,
hay niños y mujeres en algarabías y
convicciones
que hacen crecer en el error  y
en la chamuscada hierba del polvo. 
Y seguiremos construyendo al sol las moradas
con resignación. 


19

Oía el goteo del agua
el callado instante después del amor,
un silencio estrepitoso en el jardín.
Un goteo que busca una campana que anuncie los sinsabores los tigres sagrados que comen a tarascones carne en la vereda de más allá.  Hay pausas, escarbamos las murallas, vemos rostros viejos, sonrisas y lloros, hay rostros en la tarde lluviosa, pero ha salido el sol.
Gotea la llave del lavaplatos. Acaricio a mi marido, lo insto a levantarse ahora que se ha inundado el piso,
El sol sale. La tibieza de las sabanas nos adormece. Golpean la puerta. Hay trinos en el goteo, los pájaros revolotean.  La llave sigue dándonos golpes en los oídos.  Un día comienza por una simple razón.




lunes, 24 de noviembre de 2014

Niña en el espejo


Ella cruza los espejos que cuelgan trizados, diseminados cuerpos en el vidrio                                 
cuerpos  sujetos con alambres, cuerpos amarrados a los rieles sumergidos.

Sus espectros  la devuelven a las tejas, a las nubes arreboladas,  
a la mancha y a la herida, a las  rojas nubes.

En la escuela corean  la canción nacional.

Ella baila enredada a otras niñas que la siguen
Ella es luz de recodos luz que gime y luz que penetra
en los  oscuros cimientos violetas de las cosas extrañas de niños
de padres dormidos,  de preguntas de niños
que abren la puerta entre barrotes untados de estiércol,
de un roedor alado

que tiene el hábito de migrar.

nube

Wordle: Bethany A

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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