domingo, 20 de enero de 2013

SELVA DE HOJA Y LODO



La selva de hoja y lodo,
manantiales
y aguas esmeraldas
que recorrimos juntos
no nos libra del  tarascón.

Nuestra ciudad 
oculta en  la muchedumbre
los rostros inertes.

Algunos perros nos amenazan
y recogemos  las quebradizas hojas del suelo.

El insulto te apaga la risotada.

¿qué haces en medio de tantos disparates
si le brindaste a la vida tus desamparos 
tus trabajos cotidianos
con la gris mirada?
Tantas veces. 

¿Qué haces tan listo a morir en medio de las muertes?
¿Qué magia me dejaste al fin y al cabo?

Se extiende la estridencia
y pierdo el quieto cuenco que moro
alejándote como un extraño 
sin ningún deber 
en mis días.  

viernes, 18 de enero de 2013

Del libro inédito LAS CALLES de Ana Rosa Bustamante M.


LAS CALLES

1
¿Qué haces tú en medio de esta violencia? Las selvas están llenas de barro, manantiales y aguas esmeraldas. El tarascón al acecho. El insulto te apaga la risotada por vulgar, qué haces en medio de tantos disparates si le brindaste a la vida tu eyaculación de estrellas. ¿Qué haces tan listo a morir en medio de las muertes? ¿Qué magia me dejaste al fin y al cabo?

2
Me pediste volver a la mesa donde el vino se hizo agua y la conversación alteró los ánimos de los vivientes de la calle que no enviaron las flores al atardecer.
Yo no quería olvidarte, pues en mi pecho quedó la vida juntos,  yo quise avisarte que nos iríamos separados por estas patrias divorciadas por la historia insensata de los gobernadores.   Toda esa inquietud que me aniquila en esta oscura frontera.
Intentaré para siempre hasta el último sorbete del vino amargo, respirar las rosas marchitas sobre el delantal de la mujer triste que yace a diario sentada vendiendo sus yerbas.    Me pediste volver, me pediste volver adonde el  agua se quedó torrentosa y apagó la voz en la mitad de la ceremonia y no quiso escuchar más.
Ya no puedo responderle a la visión del carbonizado que ideó alguna vez un paraíso, y no pude soportar el golpe del martillo sobre el barniz rudimentario de su última habitación.
Todo ruge y rauda la brisa de las calles  se escucha y se huele como una lengua pegajosa que intenta hablar,  diseñar mapas mágicos para atraerte a la vida, porque  aunque el navegante haya perdido sus fuerzas y sus músculos hayan roto en las profundidades amenazantes todo interés por moverse,   hay un pensamiento minúsculo que yace entre sus paredes de carne y le grita y rasguña para rescatar al naciente nuevo.
Te quiero hablar, quiero estar y ser a tu lado un silencio al menos, una muerte al menos, porque no hay nada peor que el precipicio perpetuo.
  

3.

Anoche huiste como un gato extrañado después del trueno,
mis piernas yacían aún  como dos rayos afilados en la oscuridad y nuestros brazos
Se nos vinieron impetuosos como semiahogados del  río al cuerpo salvador.
Los vampiros se colgaron al techo y allí quedamos uno sobre el otro
Como un bebé en los pechos de la madre.
Anoche te fuiste corriendo y las ventanas sonaron y apagaron mi grito.
Ven a terminar la película, debo sobrevivir.
El torrente no ha devuelto los cuerpos…allí quedamos.


4.

Detendré la tarde que hicimos una vertiente amorosa y romántica
Y que ninguna calzó el sol debajo de tu cintura,
Nadie supo donde encontrar el nudo enloquecedor
y ninguna escribirá en la noche a oscuras el  testamento póstumo
ensuciado con la sangre periódica.
Aún así te quise como como una gata a sus polluelos como la rata al gato,
Con soberbia y rencor.
Así te quise
Como al aire el fuego,
Como la ropa  al cuerpo en un ruin invierno donde las gacelas no lucen con ganas
Su andar diminuto.
Todo nuestro amor fue encantadoramente absurdo porque los derrotados se quedaron en las calles convencionales y falsas.
Yo sé que tu maloliente piel luego de la carrera será yo,  la pecadora
La licenciosa de los patios, la deseada a muerte,
pero no es liberada la entrada a este circo mi vida.
No me jodas porque no habrá más ambición de ti, así al menos.
Solo tú y tu alejamiento me harán traerte como al animal la carroña.

5.

No me quieras a pedazos,
no  infrinjas la quietud a mis cuerpos,
no me ames mutilada.
Pues  seré la mentira,
una más del mundo.

6.

Ayer quietos como reptiles al acecho nos rendíamos a la música de la Orquesta Sinfónica en el Coliseo de Valdivia.
Olía tu perfume que me escupía la marca.  Tu marido con los ojos en el Desierto de Atacama, y los de tu hermana en la hondura de su último combo que aún estampado lo llevaba, seguramente,  en sus costillas. Tu madre, simpática, le comenté sobre Schubert, Chopin y otros, respondiéndome que solo ella estaba encantada con los salmos de la Biblia.   Le pregunté que si le gustaba el sexo, yo le escuché decirme que siempre quiso tocarlo.  Luego, del intermedio seguimos con el concierto y tu perfume y tu marido.


7.

Vestía de negro, su andar precipitado, una corbata amarilla lo anunciaba de antemano, Sr. Ruiz-Ochoa, dijo, se usa ahora unir los nombres, para dar realce al árbol genealógico.   El señor Ruiz-Ochoa me miró con displicencia, algo no frecuente, ya que siempre he observado que los hombres me miran dos veces, o tres, despende del día del mes.   Pasó sin un saludo, yo con mi portadocumentos bajo el brazo lo observé, lo llamé papá y me lancé a sus brazos, se disculpó diciéndome que lo confundía, pero como insistí y grité más fuerte me dijo:  no sea ridícula, tenemos casi la misma edad.   Me ofendí y me largué.  Lo hubiera ahorcado  con su corbata flaite.


8.

Los álamos mueven sus hojas,
el lodo cubre las hojas rojas
rojas las hojas que el aire agita los álamos sus hojas giran mueven
mojan.
Los álamos mueven sus hojas el lodo cubre las hojas rojas,
los álamos.
Y ellos unas líneas mecidas en el aire oscuro.
No son hojas son líneas amarrándose
gimiéndose tocándose como el aire los álamos en sus hojas.

 9.

Niño que me avienta el vestido para que yo te mire con tu canasto de especias
Sobre la vereda inútil del sol solitario,
Para que yo te hable de mis cuadernos de ayer, de mis hijos si los tengo.
Niño que aún en este tiempo en el portal  rodeado de dolientes tú me indicas culpable de no cuidarte.
Hoy te vi, te vi jadeante sobre los almácigos de la feria,
Niño abandonado en estas horas grandes del mundo, que parecía que la carencia está superada, dime tu madre qué cultiva en su balcón que tú lo vendes sobre la vereda. 
Las tiendas cierran sus vitrales,  los sombríos transeúntes no te ven, ni los frutos de las ramas han caído.   Cierra tu mercancía se hace tarde la tarde y la noche comienza.  Tu voz no debe murmurar que no oigan las cigarras ni el calmo pan se abra aún, vete a casa, no tengo nada que decirte, lo que callo no sé explicarlo.
Las horas se han quedado en un fulgor apagado y sofocan los  vuelos en los edificios viejos.

 10.

Lo único que se mueve en el comedor es la pelusilla verde de las ramas que envuelve la flor, el  agua es transparente, el viento mueve el  vidrio lo estremece, las sillas vacías y su tela estampada no está sucia. Nada vive en esta soledad rota de las voces asfixiadas, yo no puedo hablar, a quién decir que crece mi silencio y rompe el pecho de los memorables profesores muertos.  El chirrío de mi sangre en mi cerebro y la agitación de esa flor, no se calle en mi silencio ninguna voz de los objetos.


11.

Nací yo adonde llega el aroma del mar torciendo la roca celeste hacia el sol,
Encuentran  mis manos arena, dulce y seca bendito abalorio en luz tenue al final  de la noche,
automovilistas se oyen que corren, autopistas  amplias veloces hambrientas fatales y los canchones lejos,
llegan del pasado, del viento que mi madre ordenó en nuestro té de la tarde,
sumida quedó con su esperma una vela fuera del tiempo claro, la libélula oscura  y atractiva reminiscencia, la venta mundana.
La madera de la casa vieja del sur frente al lago, tú, yo,  olvidamos la  diminuta y profunda palabra,  el  escuálido sol nos enfría el té en mañana y nadie ya habla
de los  ventarrones en calma.
Aquí estoy habitando en un tibio esplendor de rosas color del vino y embriaga, se  ríen los niños de hoy,  bajo el sol,  como los tiuques graznan.

12.

Desde esta noche no me cubriré bajo la luna arrancándome los ojos de vergüenza, juro que esta noche hablaré en el silencio cuando sangre con mi  muerte, no confíes  en esta noche, que mis ropas serán saqueadas por el bárbaro tiempo del snob  y yo quiero sobrevivir en mitad del oficio triste de los destripados, los fatigados, los sordos, los que no contemplan la polilla en la luz.  Les tenderé mi mano, si decido salvarme.
13.

Quiero la quietud que hace, a pesar del frío,  sobre las calles el invierno. El mate y la leña que tempera nuestra casa.   Quiero las sombras idas en la esquina de mi infancia. Quiero la paz de las rosas que no han nacido.   Esperar tranquila sin miedo que las cosas sucedan como una luz voraz de oscuridad.

14.

El doble es bien remunerado.  Los dobles asisten al casino a  jugar con el doble de razón, falta plata para pagar el colegio particular, y la posición feliz de las veredas.  El doble discurso es hablar en dos idiomas, el otro no sabe lo que dice el  primero, entonces no sé sabe que embarrada se traerá la lluvia en la provincia hermosa, hay que mantener la armonía de la muchedumbre,  gritó en  la concentración, llegó a casa a bendecir el altar y mi boca será el mismo gesto doble de los torpes de espíritu, dos orejas,  dos brazos, todo dos, y dos ojos turnios. Doble cariñosamente doble.

15.

Tengo tapado un oído. Estoy malhumorada.  Todo se me nubla y el torbellino  me traduce mal los instantes. Han asesinado a los saltimbanquis.  Llamé al 133, y les expliqué la situación y mis deseos de vomitar.  Me dijeron que era la angustia que ya se me pasaría, pero les recalqué que los brincadores no tendrían santa sepultura.  Me  dijeron que luego de la angustia también pasaría el duelo, y no querría ya saber de ellos.  Ahora, que el mundo se termina, todos  han enloquecido.










sábado, 29 de diciembre de 2012

BORDEAR EL CANTO


Hacia la Universidad.   Ajeno a mi madre,  salir como quien ara en el agua y los peces sacan sus cabezas a saludar, con la ilusión refregándote en los umbrales de las puertas de los cuartos tan cerrados.
 Se oyen los gemidos los gritos y la ignominia de no saber responder con los ecos duros, lo que no contaste a tu madre.  Su salida nocturna rozando primero el jazmín, para impregnarte de la noche festiva.
Nunca fue a la escuela.  
Bordear el canto  del río sucio y movedizo creyéndose estrella reflejada en el agua, esperando el susurro definitivo antes de que la encontrara la muerte.
 Yo quise que me tomaras desnuda madre antes de partir errante perdida por las plazas,  siguiendo tu huella plegada a las orillas de los bancos que tanto me gusta oler. 

NO QUISE



Te adiviné entre las calles pobres.
Yo te seguí hasta intentar repartir tu mundo con los míos,
como dos árboles viejos que se entrelazaron 
y cayeron en un día de vientos
confundiendo mi pensamiento de abandonos.

Como dos aves cansadas de volar entre los mismos montes
y dos gatos mojados por la lluvia, golpeados por el impacto de un vehículo.
La tripulación había naufragado y mis ojos apretaban sus párpados sin ver.

Retuve en mi vientre a tu madre a tu padre y a todo tu árbol, fueron placenta
en la mente de quién sabe quién,
tuve en mis órganos la afable habitación de sostener  tu vida
nuevamente.

Como un duende desesperado rompiste mi  vientre con las garras,
y me culparon.  Intimidada por la ley  me culpé. Reclusa en tres hermosos lugares con tres cuchillos o cuatro.

Caminaba entre las noches abandonadas en las esquinas fui  arreciada
por las borlas de los mendigos, de sus harapos,
te vi en  un montón de anclas queriéndome dejar con mis vestidos de banderas sobre un barco o una casa.

Mi vientre se fue abultando, y el frío rasgó mis palabras y yo quise
arrojarlo al sumidero,
yo quise reventar el globo de los aniversarios del futuro,
no quise más tener lo que ninguno me preguntó. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Del libro Inédito : ISLA AL GARETE


I

He de quedarme solo,
solo mirando el mar.

Los muertos no han muerto
mira tu dedo
cómo sangra cómo gotea y te escribe en cursiva 
sobre el cemento
con las letras inconclusas
¡ tu respiración se agita¡

¿qué me cuentas de  las nubes que ponen como  urnas  en el   cielo
ante tus ojos cuando tu sed solo quiere saciarse?

Te he visto triste en la acera  
sin vivienda
dónde lee las líneas tu madre que rompió sus huesos en el camino
con sus ojos lámparas
definitivos.
Eres su luz que sigues y 
eres ronda de pájaros en las nubes
que contemplas,

canción rotunda que te altera el cuerpo
como en una oscura selva.

Eres el corto vuelo  del tiempo
la matriz tibia que te abandonó.


El vins santo del  río que contemplo
sudando
el santo vino
como una esperanza fantasiosa.

Los carpinteros de antaño reconstruyen en las sombrías
garitas templos de  madera,
mientras 
el  agua que estila sobre mi  sombrero me trae la nostalgia del escuálido calor sobre los trigos y unos pumas diseñados
en la atmósfera,

todo se derrite como  un chocolate al sol,
amargo dulce masticando arena entre los labios adherida, 
distorsiónase la voz,

en las montañas inalcanzables bebió raro  sorbo  

hundiéndose en el pecho
un mudo alarido. 

Esperé con la copa entre mis dedos
con seres extraños de dos ojos bajo la frente
y la nariz sobre la boca,

y el agua tibia que bebo
tiene olor a sangre.


Huertos maravillados
que hoy leemos en un cuento de hadas.

Iré a coger tu manos,
perdiéndome entre huertos nuestros,
buscarte entre la broza sórdida,
para no perder la energía de los tallos 
que van acusándose
entrelazos,
en las vertientes
y son inaccesibles.

La regata
o la negra vestidura de las aves
sobre los árboles mirándonos,

erguidas pacientemente
hacia el aire suyo,
sin preocupación que mueran recalentadas
por el sol que admiran,
la regata,
el santuario,
las luces en la tarde
de vuelta del zarpe mágico.


No me mires con tus ojos ciegos
que no quiero ser invisible.

Mi casa,
mi casa donde escondo los remiendos
que solo me avergüenzan a mí,

la casa en cuyo patio el cerezo florece
los trajes se engarzan en los espinos,
y  los antifaces,
las máscaras se derriten,

la alarma en sordina a medianoche
nos recuerda lo que nos dijo el nigromante
con su lengua helada:

el patio está cerrado, 
no entran niños.

Todo se deshizo en un círculo de nieve
en mi corazón:

Esta, mi madera que abrigó a los hijos,
la que oculta el feto entre las tablas,
esta casa oscura y clara,

esta casa que el fuego deshizo su corteza
cubierta de óleos,
las temblantes soledades  de las noches narradoras,
y  bautizados  en el calendario chino
los  gorjeos  del recienacido

son la voz que gime y se arrastra sobre el alfeizar
por las murallas y por mi espalda remendada, 
por las cicatrices de mi cuerpo entero, 


esta casa se construyó en alerce milenario,
y cada círculo es un siglo,
entre las paredes internas con mi licor 
que tantas veces hice callar.


Qué silencio entre estridencias
qué oscuridad de los incendios.


¿Quién hablará  a las plantas hoy?
¿Quién le dará el grito al mar?
¿Quién anunciará los remezones telúricos solemnemente?

Ya no le pondrás cerco a la ebriedad que compuso las serenatas del Schubert.
La macabra indolencia de los que no se asoman a la ventana.
Quien dudó abrir la puerta,
quien solo escuchó recogida entre paredes
detrás de todo.
El sol con su tormenta
seguirá anunciándonos en vano
el fin del mundo.



II

No somos dios ni nada que se le parezca.


El caracol se desliza bajo su caparazón,
él  existe,
solo existe para mí
porque escribo de él en mi poema,
lo  pisoteo y cruje.

Existimos
y si dejamos de respirar
mientras caen los asesinos
desde las ramas de los árboles,
no sabremos del caracol,
ni de lo que habremos sido
nosotros
antes de morirnos
bajo los árboles.
Ahora,
que soy un caracol sobreviviente.




Haré lo posible
para que no me hagas falta.

Como un histrión retuerce sus piernas
y  monta esa escalera
como en un dragón
como cadenas enterradas
como la dulcinea  luce sus ojos,

todo es válido para dar con el puro aire
como el  mar que derrite los  glaciares

ser la máquina tierna de las plazas
remedar  a los antiguos hombres del campo,
aunque sea incoherente
decirle a las hojas que no vuelen.

Nadie es culpable.



Adoro el imán de los souvenirs
Que no tienen conciencia de viajes.

No vendrá nadie a justificar mi razón de vivir.

Yo habito en el río con mis párpados abiertos
en la pluma negra del cormorán,
en el  vértigo de la sombra  que lo ve pasar,
del  fuego  que me agrieta ,  que mi voz delata
los bosques azules de los chamanes.

No es la sombra  que labora en los sueños
sueños que no pudieron escribirse.
Sin embargo,
es el mar que  murmura arrimándose a la orilla
allí las personas corren aprisa
en las ciudades quebradas,
buscan amor en los viejos  trigos,
en las tardes que moja el techo
en las casas sobre  cerros,
y en la invitación olvidada.


Es la madre mía que cosió historias
que  heredó lejanos arrullos,
en los besos antiguos,
en los frutos que con obstinación lucen en las estrellas,
en la copa de los pájaros lentos,
que dialogan con la hija cautiva
que  le dio un apellido a la oscuridad,
dará la miel del pez sobre su mano,
bajará a un limbo hondo y eterno,
será un esqueleto,

así casi desprovisto,
arreglé mi equipaje y el paisaje abrió su sendero,
arreglé mi ropa y el rostro borró sus ojos,

las campanas acallan su tañido
la oigo en la corriente asombrosa que avanza
donde lavó su cara
con la espuma deshecha,

pero está hecho del agua de los ríos
del oscuro paladar  del viento.


Querrá sobrevivir con el agua al cuello
cuando le haya dicho que la quiso,
antes de morir

Amigo de la cizaña
de los venenos
de los licores
luz que devora

¿Qué palabra grita
cuál rezagada,
quién seca el  abrevadero a las garzas
 y sofoca sus quimeras?

Me gusta escribir desde el rasguño
la pequeña herida de pactos.

Dos ángeles fríos
buscan la hoguera en la nieve,
la sombra delgada
de las mariposas,
la caída de los colibríes.

Han degollado al travesti,
calcinada la encontraron en las veredas
con sus comisuras rotas.
¿para qué la desnudaron?

nube

Wordle: Bethany A

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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