viernes, 13 de mayo de 2016

NUNCA MAYO FUE ETERNO...

El espejo


Otra noche en el espejo he de tocarte, 
donde  callas las palabras luminosas
que escuchaba 
y con reproche ahora me hablan, 
porque  no tengo  valor  de llamarte,
si  un correo te enviara 
de la pequeña  habitación 
que cada mañana,
tiembla 
y está seca sin lluvia  ni aroma  a comida 
sin vino avinagrado ni loción,
ni macetas con agua,

el espejo da una luz en el cuarto gris

y estiro mis dedos para tus labios,
llevas aún algo en tu cuello, 
mi record de mariposas que echaba a volar 
sobre la lámpara 
con mi mano abierta
que terminabas besándola
y yo la posaba 
sobre tu pubis y un pezón 
en tu muslo  alzado, y
mis labios mordiendo el ronco volcán
de tu pecho, 

rescatarte del espejo
que luego de apagar la luz
he de dormirme, 

imaginando en el azogue 
voy sacando gesto a gesto 
tu vida de la mía, 
los anillos de las carne, 
tus ojos cómplices,  todo lo  desprendo
tus piernas tu sexo 
tus manos febriles, 

tu iracunda lengua 


así ha de quedar  nuevamente 
este cuarto colmado de ensueños 
discursos raros 
y pareciéndome algunos días una demente 
que extiende los brazos vacíos
como alga  en un acuario sin movimientos, 
una vez  un océano
y que hoy transitamos distantes
en la ciudad. 




Me cuesta reconocerte 
con tanto hoyo,   raya e insecto 
que está pegado en la pared,

el rosado de tu mejilla
y el de tu piel 
en las  playas de Río
donde te desnudaste delante de todos.

esa baratija que llevas al cuello
es la mosca sangrosa  que rodea la lamparita para leer, 

y la cenefa de la cortina  se parece a tu chasquilla 
que arrancaste con ira
porque yo no llegaba a casa
una noche de juerga.


Recoge esa copa del suelo, 
recógela sin cortarte,
me gritabas mientras el aire me daba al oído 
por la ventana,
y allí estabas en el umbral  como un cuervo locuaz 
dirigiéndome las tareas y
sermoneándome la tarde. 


Yo te amaba  con la culpa que era mía
y todos los muchachos que golpeaban a mi puerta
preguntaban por ti. 
En la noche gemía  una voz
y  bastones crecían en los  montículos de lavas,
la erupción era constante para no olvidar.


Enredaste tus huellas  a mis pies, 
y el tigre que siempre va conmigo
como una sombra de mi imaginación
susurra como tú,

no me rendí a pesar del rasguño disimulado 
de mi carne.



Un rayo hirió mi espalda,   
alcanzó mi nalga izquierda y sangró letras de amor
y odio
que pulverizáronse como un insecto viejo
con su muda bella adolescente y triste.


Se detuvo el soliloquio de tu infancia
cuando entré con el pelo estilando
y dejé que se esparciera la voz de mis amigos,
pero cerré la puerta para quedarme contigo,
serías tú quien se quedaría con mi mano al dormirme, 
mi dermis infectada y dolida
como mi pecho enterrado por un hacha,
así dolía ese silencio.


Miro la lluvia en el sillón solitario
El que me agrede y me ama
El que sugiere que respire como un pez debajo del agua.
Miro la lluvia.  Vendrás a mí, como dices que te vas, te quedas
con la tibieza del aire en aquella urbe,
mientras un socavón abre sus piedras para contradecirme 
y dejarme envuelta en  escaparates de la ciudad
perdida como una aguja. 





Sigo mi camino donde no había cemento, 
pues puedo amar las flores del desierto
como mi vida se ha visto agredida,
Y así iré a buscarte, 
con los maderos puestos,
el mar ruge en medianoche en mitad de mi camino,
Llegaremos lejos con un caudal a tiempo,
para beber lo justo, y guardar el resto.
Sigo mi camino.   
Te sigo, porque estás en el lugar donde bebo.






La ciudad enciende su estirpe en mis brazos
porque yo te nombro y te sigo en sueños
nocturnos como un ave 
que lanza su impulso a las calles para reír y llorar,
cuál sea la ocasión que hay que vivir.
Y camino cuesta arriba o cuesta abajo, 
donde los ritos se cumplen todavía, 
a pesar que ya poco vienes. 
Pero una vela apenas enciende la estrella que llevamos 
en una mano desde el mundo arriba,
esperando que  estará pronto todo en calma.

En este tiempo poco se habla de esto. 
Se canta y se siente, 
quizás como una lluvia en la esquina de la otra cuadra 
en otra ciudad, 
en otro pueblo donde quisiéramos vivir.

Pero este sentir que me da a mí y a ti, 
yo quiero pensar qué más da, 
si todo pasa como el viento, 
como una brizna en la oscura palabra
de la noche.





Mayor de edad y te debo,
te debo más que otra vida,
no te debo más que una sola decisión,
la de haberme hecho estudiar,
la de haber implantado en mí esta redondez de escalón,
este cerebro brumoso en que no siempre le atina,
no vuelvo a decirte nada más que seguiré sin ti,
hasta ahogarme de vacío.
Y si alguien tiende mi mano
yo guardaré en mi bolsillo
todas las dagas,
nuevamente.



Mi cabeza cae
nuevamente
por el licor en una tarde promisoria de ideas,
mi cabeza lanza lejos sus ojos,
su boca y su latido de cabeza
va embistiendo todo lo que encuentra en rededor,
mi cabeza fulge brama y hiede como un fuego
sobre una espina sobre un fulgor.
Nada tiene que ver la única estatua en la que me confieso su confesora,
y voy imitando su silencio para atraer las alas
que me hacen volar
acéfala.



Me distraigo mirando por la ventana,
justo un rayito de sol me agolpa el ojo y
te veo caminar tornasolado
oscuro y feo,
yaces entre la ventana y la puerta,
un rimbombante alarido 
entre dos buses me ofusca 
porque no pude verte más 
cruzando hacia mí,
dónde estarás que no llegas, 
donde se abrirá el cielo
para que los dos soñemos
a pesar de la jornada laboral,
a pesar de tu inanición
y no podré salir a trabajar 
pero todo es silencio,
al abrir la puerta llegas ahora
y toda el agua de las flores 
está sobre la puerta y la mesa
y todo lo que has chorreado, 
a esta edad ya ninguna piel chapotea en el agua,
con tus cabellos grises y tu boca fláccida me saludarás
con tus relamidos besos
y las flores en tus bolsillos.







La contorsión antaño dulce de tus labios 
me dijeron basta,
basta de locuaz palabra afirmativa,
qué perdí  cuando  quisiste
que me quedara,
Y tú adonde irás si yo he de quedarme.
Se torna el labio hacia mi hombro, 
genera tibieza hacia mi pecho,
ruge un ombligo abajo, a mis pies, y tiemblo, 
porque el tiempo es breve cuando se obsesiona el huésped.
Y yo finjo decrepitud  o displicencia.  
Se torna el labio, la distorsión de tu cuello,
y las amapolas runrunean con el aire 
que traspasa la fisura de la puerta,
que será que cuando pienso pasa, 
se cae un plato, 
el café se me derrama y no he de oírte más,
porque te cansas de oírme y
yo recojo los trozos del suelo.



Cada tarde miras tus plantas,
tus plantas del jardín,  
tus plantas establecen tu imaginación.
Se adueña la tarde de tu quehacer
el mirar detenidamente cada hojilla,
cada orilla seca,
la nervadura aterida 
donde recorre y perfora ese caracol.
Ese caracol húmedo y babeante 
que te deja la estela plateada
durante la noche,  
y sonríes anhelando tus plantas
gozando de noche la estrella ausente,
la minúscula hoja que cortas

para tirarla al tacho. 

3 comentarios:

María Perlada dijo...

Que arte emanan tus letras.

Felicitaciones.

Un beso.

LAURA ROJAFUENTE dijo...

Muchas gracias Maria. Un abrazo.

LAURA ROJAFUENTE dijo...

Muchas gracias Maria. Un abrazo.

nube

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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