Une chefküngekey ketran, kotüael
El trigo se limpia antes de tostarlo,
dice.
Recostada en un peñón
como una lagartija
soleada,
sus ojos alzados a las araucarias
sostienen su corazón
repartido entre edificios,
allí lame sus heridas como perro solo.
Los troncos estiran sus raíces
buscando ríos,
lejanos ríos
que hierven en lechos envenenados.
Los semblantes gimen su trompe
como niño herido,
alza su mano,
rasguña la teta,
muerde y bebe,
sabia oscura
bajo el cielo gris
de una tormenta.
Sus sueños infantiles
en ella duelen,
en la marea
señalan,
iniciando el compás
sobre el comienzo del mar
hace tiempo.
Antepasados murmullan
sus estrellas agitadas
sus correrías
y el zarpazo
de la vestidura,
las pupilas del tuétué
sorprendidas.
¡Oh, Pillán, qué le has hecho ¡
¿qué envuelve ella en su puño?
que no puede extender los dedos
al kowüill
que ya está maduro.
martes, 8 de marzo de 2011
miércoles, 17 de noviembre de 2010
INQUIETUD
la noche,
el ruido del zinc
el ruido del zinc
la luna,
los astros que me inquietan
y siento miedo.
y siento miedo.
La erosión de algún volcán
que teme despertar
que teme despertar
y no puede abrir mis rutas,
ni desviar la que avanzo o retrocedo,
eso es,
repartir el pan entre nadie,
el trasiego en mi silencio
es el trino al despertar
y la memoria encoge
los acontecimientos
gritan
en esta masa implacable de mi cerebro.
en esta masa implacable de mi cerebro.
No sé qué puerta debo cerrar
no sé qué cortina descorrer
si voy a ver las mismas perforaciones
y el dolor,
del paso que unió el camino
y la noche al día no hace el tiempo
porque no es el tiempo que se pierde
es mi tiempo que desando.
es mi tiempo que desando.
martes, 12 de octubre de 2010
Así prefiero
Me he he enterado hoy
que sus fauces convulsionan
y nadie sigilosa contempla
ese aire removido de su lengua.
Su mano
raigambre de mis carnes,
raigambre de mis carnes,
me amoldó siniestra en el destierro
de una luna esbozada sobre mi espejo,
y en su cuerpo sangra el ombú
su bellasombra.
Así prefiero
abandonada en una estación perdida
abandonada en una estación perdida
sin noche al ladrón,
en la madrugada del ave emigrante,
liberada del charlatán
del velatorio,
de su siniestra indiscreción.
martes, 21 de septiembre de 2010
Campo Elíseo
Yo voy al final
entre los gritos de las alcurnias
que reclaman lo de otros,
porque inclinados somos de esta fuente,
humildes corolas que crecen bajo
incógnitas siluetas que no dan sombra,
sólos en lábil cornisa trizada
y cubierta de trozos humanos
que compraron la fachada.
Su campo Elíseo,
úlcera dulce que despliega sus jirones
de carne en la cellisca,
absceso permanente que reniega el parto
de la luz exuberante,
refugio despótico que impone su vacuo
parlamento de sobrevivencia,
el tramo erosionado del acanto en el abismo
y el acanto absorto en el vapor.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Poema
No me faltes.
No me faltes como ahora esas sombras invisibles
de mi jardín que reptan.
Alguien parte y yo me quedo
entre alborotos cotidianos
con esas sombras en su zócalo,
con mi nervio temblando,
empreñada de fuego
hacia los estadios vacíos
que pudiera
que pudiera
enflorar con tu verso lúcido,
desesperada en esta civilización.
Me asusta el impétigo cruzado
que ordena la justicia agotada de ofrendas,
que ordena la justicia agotada de ofrendas,
la ménade con su oriflama
llamando a la ternura.
No me faltes en este pequeño
trazo de sonrisa que dibujo
como anguila en el fondo del agua.
Temo al augur,
que no enrede mis discursos,
pues quedé afincada a tus ojos
para ensoñar
que no enrede mis discursos,
pues quedé afincada a tus ojos
para ensoñar
en los desvencijados pastelones
de la calle,
detrás del lúgubre farol
puedo ver tu amable rostro.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Volver a Vivir
Para Astrid Fugellie
Cerca el crepúsculo
Cerca el crepúsculo
los gestos iluminados,
los valles abren
su vientre negro
y yo vuelco mi rostro a las refriegas escondidas.
La usura es el único intercambio entre los vivos
y el colmillo blando sigue su oficio lento.
Prolijo roído que arde en las uñas descalzas,
mientras el otro amanecer
nos haga lucir el hilo
para cubrir nuestros temblorosos pies,
no hay escapatoria de ningún lugar sombrío entre fósiles,
recógete en mi regazo,
esperemos la nueva luna
en mitad de la huida,
unas negras hienas que corren
y nos amedrentan el discernimiento.
Inspiremos los reductos mínimos de los verdes
movimientos del aire,
y logremos sumergirnos
en el cáliz trizado
en el sedimento del vino
de algún templo
abandonado,
y volver a vivir.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Cristales
Estoy gimiendo esta tarde
cuando la luz se ha marchado
y mi oscuridad está aquí
como un zumo que degüella
desde un volcán dividiéndose.
Quién se entera de los dones dormidos
cuando el pez herido va a contracorriente,
de la boca fruncida
los cristales que queman sobre la grava,
y el paladar está seco,
ninguna melodía es dulce
a está hora.
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