jueves, 21 de febrero de 2013
SOLA UNA ES LA VIDA
Bendito seas de las tardes
no quiero otros momentos.
Me atolondran aquellas
despobladas,
las hojas pasan.
Esos buques se encienden tras los cristales,
y me cuentas del vuelo que has hecho,
te miro los ojos, tus labios,
oigo los graznidos
que partieron al cielo oscuro
estrellado
de la antesala de los océanos,
te besé completo,
te presentí en la cáscara amarga
que luego se desgrana.
Maldices, yo soy fiera
cuando tu alimento lo entregas estupefacto
como una flor,
que el chasquido de mi lengua gruñe
y creo que la longeva existencia
se arrastra
como la esfera enferma
en su órbita
precaria.
La lluvia en esta soledad rompe tu cara,
pues soy catarata,
el rodel que he hecho
cuando vengas,
mi centro que pulsa en tu tórax
la idea de la carne
la tormentosa paciencia
se acaba y
sigo estando en la mordedura
del miedo.
Bendíceme
si te has hecho un caldero antiguo
culpable de no ser
tú más allá del timón cotidiano,
del tedio de la misma voz,
estarás pensando en mí,
con tu mano en mi pelo
en mi frente
mientras el aire te enfría los huesos,
te enrosca como lombriz,
me burlo
me montara hasta el cansancio,
te chupara como un insecto
la carnívora hoja.
Te dije sola una es la vida
y encontrar ambos un reducto lleno de idiomas
aunque todo sea en vano,
un día será un día
de palabras que naveguen
subterráneas.
Todo se deplora
y comienza la corrupción,
es tiempo aún
que bajes
para permanecer
inviolable.
Duele más de lo que supones.
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