domingo, 16 de abril de 2017

EL TIFÓN ARRASÓ CON LAS GUINDAS


1
HARAGAN
Haragán  que buscas  el pensamiento en tu madriguera
de grandes letras,
de chabacano modo cursi,
y olvidas  proyectos,  instantes de gala,
amor amortiguado de  primaveras
antes de volar.
Gozas y lloras sobre una nube petrificada,
no sabes encaramarte adonde puedas ver el camino completo,
al menos,  callaras la risa en el alféizar
para lentamente incorporarte a mirar
el horizonte.

Oír el tableteo de la lluvia y el viento
o contar el segundo de un talud en una  sísmica veta
de basalto en el carozo
que se va hinchando como un corazón,
un talmud sobre mis manos como una ley sagrada
yo te aguardo 
si supiera dónde estás fanfarrón.

2
MUJER
En la oscura roca que da a mi patio,
ruge el agua más allá del cementerio,
se alza y merodea una sombra de mujer alta
en la ladera encarnizada
que se quedó para siempre a la vista de la mesa.
Quién, nos preguntamos,  le da luces ahora  a sus ojos.
Quién la vuelve un mágico andamio que nos hace surgir,
en la lenta aldea y grita al viento con dolores
y un hijo llora en sus costillas al caer la noche.

Su mano sobre el niño
que balbucea apenas,  crece en la hierba
la pelusa de los pétalos
y se convierte en mariposa
una luna entre sus piernas,
un amor alicaído la adormece entre tantas margaritas
marchitas y alimenta sus pechos,
la llamamos,
sale huyendo,
no queremos tropezar con la leche de una cierva
malherida,
que se está muriendo
con sus ubres llenas
en los lugares resecos de una ciudad
sin nombre.


Ella se levanta con su traje abierto
pechos,  pechos malsanos,  gritan como gallos estercolados
sobre el palo del gallinero,
y  recuerdo a mi abuela que perseguía a los gatos con la  escoba.
Entonces, ella lucía sus músculos adormecidos, 
por el largo cobijo de sus sábanas,  por el refajo áspero como su vida
sobreviviendo a los accidentes sísmicos.
Se triza el asta azul donde se posan los pájaros,
cuando la memoria abre sus tentáculos vomitando
vomitando
grita porque mancha el llanto de una araña solitaria,
y la recoge y está llorando,  porque una pata está sangrando sobre su palma
y grita porque es de mal augurio,
¡ oh vidente cósmica de mi genealogía! .
Piensa en los pocos felices y los muchos hambrientos,
y adónde nos quedaremos a contemplar el lago que nos mira.



Tantas horas velaste mi agonía mujer mía
vieja estera donde dejé mis secreciones,
mi sangre, 
mi eyaculación de sueños polutos de moral.

Nanai mía, cuánto smog respiro para verte nuevamente
entre las mujeres aguerridas y heroínas que quemaron
en la fiesta,  tú que reías como nadie,  cada hijo te llevaba un diente
y la canción
la cantaste con esas cuerdas que Dios te dio, mujer mía
mía  mía y mía sin abalorios,  sucia de besos y estropajos limpiaste lo que había sucio,
calladita y sonriendo,  como era lo usual, sin embargo,
volabas como te exigía el poeta.

Inmensa y turbia la bandada
diurnas pájaras duras dunas
sordos sonoros amorosos somos dos difusos en el parque sin sol

larga pena apenas habla
quien lo dijera
quien lo callara
quien lo soñara
quien lo llorara

no es que sueñe,  sueño
contigo y los sonidos del durazno
muero de ti, sueño y muero,
soy el gusano del durazno.


Tarde llegué retrasada,  tarde en la tarde
deseo tu cuerpo, y muero por tenerlo,
presentí tu venida hoy mañana, y en la larga jornada
con la sal y el arcoíris,
con la espuma de Los alcázares que visité el año pasado.

En la hora de tu fin hiciste que las piedras sangraran en la pared
1970 mi padre no lloraba,  que  luego se rindió para siempre
esa muerte fue larga, como un pez que sube sangrando y no asiste
al nacimiento de su eternidad.


Era un mequetrefe, un pedante, y un don nadie.
De qué te ríes, de los grandes pobres,
si tienes un corazón que se deshace
con la pena que aplasta pinos frutos
ramas y las flores
en la nieve  del fuego.

Dejaste tus huesos y tu piel bella, tus pupilas y  largas piernas,
y la alianza que perdiste en el incendio.

Mi sombra agradece, y  habla
Mi nombre escribe, y dice
Mi pena llora, y sobrevive
En la negra ralea de una isla.

El día, en sus ciudades, mira
El día, en sus ciudades, clama
El día, en sus ciudades, sufre
De ausencia, construyes tu casa
De soledad, edificas tu llama
De vida, enciendes la noche,
De alegría, arrasas las manos,
De pasión, mueres riendo.

Miraré la espuma que tu malabarismo dejó con el esfuerzo
de hacerme crecer feliz,
contaré tus letras escritas en mi cuaderno cuando aprendí a leer,
y salpicaré de hijos tus verdes ojos en la vereda donde los cuido.




Caes cuando hablas con la calumnia
Oh tú mi hermana Afrodita
No vacíes la tempestad en la ventana
No dejes que lo que hay se disperse como una voz violenta
en la pradera que recién pisas,
bella como la piel de una fresa
te miro con ternura,  tus lunares
que arrancas uno a uno
el relieve de un corazón
triste de niño enfermo enternecida,
indolente la siesta que estanca tu ánimo
la incuria de tu voz  mal modulada.
Tu pelo se desliza en tus hombros
y el zarpazo cambió tu sonrisa
como el mar se abrió en una noche atormentada.

Las hojas huyen
Las ramas lamen en jauría
En bandada nadan
Reptan como una codorniz
Sobre el felpudo,
Aterricemos en la tierra.


El amor
esa paja ajena donde un insecto brusco
se acuesta y picotea
la carne de tus alas,
la espesura  de tu vientre,
te advierte que estarás un poco sola
sin ir adonde tú quieras,
y colmenar la noche entre los vagos,
bohemios que te silvan,
silvará también  el viento entre la ramas que lamen en jauría
cada pétalo que  nada
punzante en tu rumbo,
rasmillándote la cara,

porque es el amor sexo
que la piel  esconde en un espejo,
un mar atado a tu casa.
Un caracol horada la hoja  verde  
de tu frente.
Crepúsculo donde esgrimes la envoltura de la reflexión.
Has mirado el arado
y estos son tus lagos tus estíos,
tu vergel
que tanto has acunado.

Un veloz resuello
te incorpora,
te ves  como un lugar vacío
que hay que llenar,
un matita de canavis que te sonría
frívolamente.

Nena de flancos torneados como una pata renacentista.

Un tibio camino  desde  mis labios
en mi organismo florece,
hay una droga,   el chocolate
para tu piel furtiva,  y quedarnos
encendidos mirando a los niños
vagabundos que ofrecen flores deshechas,
mostrándonos un corazón vacío
en un caño de magnolias malolientes.
Un rápido respiro de tu boca nos tenga juntas,
aunque la grieta aquella nos incomode.





Como fue el año sin tus mandatos
Como dije que sería no atiné
Como el día lleva horas atávicas
Me mantuve firme
Con mi vida, con las formas donde me crié,
Así, me lamento,
Con tu grito y tu conducta,
Y soy la de siempre
La que rescato del barro.


No seré nuevamente la que forjé en  medianoche el nuevo fuego,

la del abandono sin palabras
la que tropezó en las piedras de las aceras
sangrando por los ojos
cuando quiso mirar arriba de una cruz
y no estaba nadie.


Donde el caracol que pisaste en mi ausencia
con el dolor de tu boca,
y no me dejaste que volviera
a despertarte.

Yo,  la playa más honda en una escala mirando
el mar,
la que veloz camina con sus modas,
dame tu abanico para enternecerme con el aire
que tú usabas ayer a esta hora.

He dejado la ginebra en la mesita
y tu retrato cae al suelo,
dónde te he de encontrar ahora,
la que me deja
la que se esconde,
cuando  quise besar el árbol de la noche
ciego
de mi deseo.


Cómo cuelgo lluvia
en mi dormitorio treinta grados de calor,
Valdivia
mi asonada en la vertiente abierta
de mi garganta, siempre esperando una hora mejor
en que llenar de dioses
nuestro lagar apacible.





Mientras tengamos carne y hueso viva la vida,
este es mi día,
lo que me ha traído hace tiempo.
No sé si se queda
si soy la que bebe el agua
del río o del océano,
pero sigo contando el abedul en las estrellas,
con un corazón que amortiguo a veces,
a veces que presiento tu manera de mirarme
a los ojos.


No dejarás de amarme a pesar de tu dolor
qué nos queda ahora que el aire se acelera,
y la cortina de mi cuarto se cierra
y mi cuarto oscurece.

Comienza un año nuevo,
otros números,  la misma sonrisa.
Otra expectativa,  el mismo ruido.
Otro clima,  los ardores de ayer.
Y el mapa se nos desdibuja
con el lobo aullando en el sur
frente a la Osa Mayor.



Tengo ganas de ti,
encontrarte en la florida estación
en un tronco vacío,
me beses,   que me susurres
cosas tremendas,  tremendamente insólitas
como levantar la cortina de El mar,
un bar,  azar,  pleamar, amar, sí, amar.










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