martes, 20 de octubre de 2015

En el Centro Cultural Los Baños, Alhama de Murcia, España. Lectura de poesía con Silvia Morales-Cuevas, Helena Paso Real y el cantautor murciano José.



Ciudad Irreal
bajo la parda niebla de un mediodía de invierno

Eliot


¿Qué hora es?  ¿de qué año?, que llueve en el frío. Y mis pantalones no se secan.  Saldré a comprar los comestibles  para la cena.  Cocinaré el aroma familiar para impregnar paredes, para que el suelo haga borbotear el  agua de las ollas.
Y bajo la lluvia me amilano, los supermercados abren sus puertas mecánicas
y no entro  por temor a las cajas atestadas.
Me salpica un auto el agua de un charco, los autobuses avanzan,
la gente cruza mirándose, dándose una sonrisa,  una seña y una voz de alarma, o un saludo.
Cae el agua con sus estados anímicos, y la ciudad irreal retuerce su rutina en mi escritorio junto a los lápices,  las cascarillas de naranja en mi té llegan a mi nariz, y estoy sola con las palabras y la imaginación. 

Las calaminas golpetean el techo bajo el leve sol y tus pies se afirman a sus venas palpitantes,
merodeas por la casa,  la paz de mis oídos dibujan los fantasmas y no me dejan dormir,
no quisimos construir colosos
y así pude besarte de cerca. 

Tu piel y tu tos sobre granitos deslizándose, huelo tu perfume que me dejas en mi blusa, no sabemos convivir, destilar  rancios jugos impuestos por la tradición, dos menos que se amarran y llevan alas a ras de la vida.

«La poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos». 
Eugenio Montale

Una figura negra en el fondo de un abra verdísimo  en la niebla que casi no se ve, no sé si quedarme aquí,  sonríe a las estrellas  que aparecen entremedio de ramas, una jeringa hiere, temores en la nada, dibujos en relieve que lloran,  pero esperaremos para sanar en las dislocadas estelas por el sendero y la esponja que nos da la sabiduría que apenas logramos  obtener para dejarnos.
Disipan los brillantes cerebros en el humo caliente de los ojos, todo se ve redondo como el mundo, la ventana se desarma con los vientos tormentosos. Penden los techos y ellos mueren encerrados olvidados como un pan de ayer sobre el edredón guardado de verano.

Hay un embrujo que me deja quedarme, mis uñas se prenden a mi carne, mi carne no remedia nada con dejarse llevar por el tiempo, los portales son sagrados por eso me detengo y mi cabeza la pongo en el  escaño para que tú la toques. Redime, por favor, con tu presencia pura mi desolación.  Hay luces en medio de la noche que no encienden con el zumbido de los durmientes. El desmán comienza  luego, los transeúntes se persignan y siguen de prisa a sus casas, brilla la plata de las veredas en invierno.

En la vía frenética de los desempleados, las excusas  no tienen música  de fondo, nadie quiere dejar los gestos en la retina de los que miran, son los que gozan del juego, son ganadores, no tiene disculpa el peatón solitario, no por uno se detendrán en el paso de cebra.  La fiesta es grande  como un carnaval de corderos.

Dispara al sol te quiero a oscuras, dispara al sol y en esa  luz se medirá el tiempo de la tierra al sol en un caballo de carreras  que deserta para beber. Y nos quedamos viéndonos mientras el hombre se  sumerge como cada día en su rutina.  No intentes ser humilde, la cancha está inundada, los niños juegan patean balones llenos de polvo y son llamados a cenar por sus madres desgreñadas y la gritadera enerva la velada en la carpa soleada del barrio.  La desteñida  capa de torero me desalienta, pero la necesidad de rondar la mesa el fuego de leña apaga la murmuración.


Los muchachos reparan el automóvil,  suena la huracanada sensación de violencia en la calle, se zafan de las flores,  el bobalicón es golpeado y echado en la pared donde queda aturdido, rehúsa atención médica, su sonrisa da náuseas, su nariz aletea en el cuadro, hay un tufo dulce sanguinolento en el aire, y todos arrancamos, alejarnos lo máximo para no estar comprometidos, como un gusano en la cortadora.




En una casa de vidrio
se desnudó  
en la hora oscura,
que nadie la mirara con ojos lascivos, 
pero la plaza atestada
y los genitales  como copas radiantes
y el cabello le caía por los hombros
sutil
como pelusas.


Porque la muñeca quedó como una  flor
sin agua,
el rugido animal no calló.

Porque  lamenté  no reunirnos a hablar,
Porque la decisión no es nuestra.

La mina no dejará el basalto  a la vista. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

1

Solía dejarme mensajes en los vidrios empañados
y creía que bromeaba,

amaba las horas benditas de su boca

que no volvería a mirar.

Que me amara le decía, 
que ultrajara los vestigios del último almuerzo
digerido en mi estómago, bromeaba.

El mensaje empañado en la ventana 
mintió dulcemente
cuando en el vidrio dibujó  un cuchillo.

Cerró la ventanilla del auto
y lo lanzó al acantilado. 



1.

El grillo
Crujía el grillo en mi espalda
en un  territorio que creía suyo, 
crujía en una noche susurrante
lluviosa del sur donde habito
perenne como un pino,
y me cosquilleaba una ramita el glúteo
o eran los dientes del grillo.
Anoche,  de vientre abajo, 
una sombra en el visillo
que yo miraba de soslayo
acezando,
en la alcoba perfumada
y los gansos graznaban en el patio,
el grillo diseñándome   las paralelas
en mis alas marchitas,
el río seguía a la  serpiente,
se quedaba dormido
sobre mi espalda,
quedé esperando
la mordida
y
mascullaba en el postigo
que yo de soslayo contemplaba
entre todas tus elegidas.


2.

De tu boca

Salía  saliva de sus comisuras,
y minúsculas criaturas
acercaban sus lenguas a mi  boca.
No me crecía todo el cuerpo,
no era la escayola dulce aún,
a la que los niños se acercan impresionados y locuaces,
y ponen  el  dulce entre los fierros
descascarados,
el sol pudriendo  los frutos, ya caídos,
llamaban insectos.

Los picos  de las palomas
prestas a refugiarse
picotean la  pintura que me cubre,
lo que me instiga a aguantar,
pues, al fin y al cabo,
me brotará  la carne
y me acercaré a ti
aunque la tarde caiga.



3. 
La fotografía

La imagen de la foto
que agrada
a mi boca anhelosa,
a mi pelaje erizado
que tu barbilla provoca,
es la imagen
que cuelga de mi pared,

la saliva estancada
de mi mandíbula,

el gozo de la espuma
que no cesa de efervescer,

y oyes que temblorosa  estoy entre
impares cisnes muriendo en la,  alguna vez,
lozana superficie,

y las burbujas del licor diario que bebemos
brotan para mi  sensación
de ser penetrada
y no tendré 
sino una taza quebrada
donde beber
el elíxir que nos transforma
en dos seres vivos.  

4

El túnel

En ese túnel construido
antes que los hombres
pudieran volar,
con el fruto mordido entre los dientes,
fuertemente.

Antes que solo lo pudiéramos pensar,
yo fui pulverizada y soy playa.

Allí caí entre tus polvos húmedos propios de mi sur,
pues siempre está mojado.
Incluso en el fuego perpendicular al océano.

Y es tu cola de anfibio maltratado  que me seduce,
es tu caspa aceitada  que se me adhiere
cuando me acerco a las rocas,
es tu órgano encendido y grande
como un faro

encerrando tantas palomas
lo que me entusiasma y puedo esperar
en la puerta calladita, 

que entres de apoco,  sin notarse,
pues, entre cuello y corbata
se está sirviendo el apetitivo,

          seguro,     
                        murmurarán. 

nube

Wordle: Bethany A
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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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