miércoles, 4 de febrero de 2015

DÍA


El goteo del agua
el callado instante después del amor,
un leve trasiego  en el jardín.

Un goteo que busca una campana
que anuncie los sinsabores,
los animales sagrados que comen a tarascones carne
en la vereda de más allá. 

Hay pausas.

Escarbamos las murallas,
vemos rostros viejos, sonrisas y lloros,
hay rostros en la tarde lluviosa,
aun haya salido el sol.

Gotea la llave del lavaplatos.
Acaricio a mi marido, lo insto a levantarse
ahora que se ha inundado el piso.

El sol sale.
La tibieza de las sabanas nos adormece.
Golpean la puerta.

Hay trinos en el goteo, los pájaros revolotean. 
La llave sigue dándonos golpes en los oídos.


Un día comienza por una simple razón. 

martes, 3 de febrero de 2015

VÁSTAGO




Me doy de beber agua 
de la única huella 
en un  pañal a contraluz 
en  la hiedra del muro,
y besé muchas  veces el hilo blanco
la red disecada.
De su boca callé los gemidos,
percibía  su voz  al alba.
Y aquel rincón escuálido   de mi sed,
ajetreada comisura del vástago,
la ansiedad de preñarme, 
empezar en una nueva ciudad
acabar en la hiel de su grito,
porque hay cosas ingenuas que se prenden,
para ceder calladas en la noche del tren,
para llorarlas, después del desprecio 
o en un mural del pueblo, en un escondite 
y ser el dios bendito que los niños pronuncian.
Yo no sé si hay vientre de animal más fuerte que  la imaginación, 
y los dados serán lanzados  a mi suerte.
Me doy de beber,
aunque el labio supura tristemente
en la dura sequedad de los muros,
para reventar de incertidumbre
cuando duerma
cuando mis codos se cansen de mecer. 

lunes, 2 de febrero de 2015

UN BARCO FUE EL PLANETA

Un barco fue el planeta descubierto en un año glacial de mi espíritu.
Un espíritu pasado de moda,
un cuervo enfermo que apenas grazna. 
Y al fin de la calle yo diviso un puerto, reflejos en un vidrio,
me detengo,  porque hablar de bondades no está vigente,
no entra la brillante orilla de un vaso que se trizó, en ningún iris,
solo  seguimos la estela de un país recorrido,
y somos dos en la cubierta donde mirar el horizonte gris
que nos sedujo la juventud.
La embarcación se deshace ante nuestra mirada. 

Nací en Arica y hoy vivo en Estocolmo.
Los años amenazados en la urbe.
Los cartones recogidos,
los diamantes cortantes que soñamos no fueron el estiércol,
pero nos fuimos lejos. 

Mis hijos y tú, una casa nueva.
Un lugar.
Los padres de antaño que llegaban de nuevo,
a surgir desde el agua turbia con un manto rasgado y deshecho,
pero estuvimos a la vera de los camiones revolviéndonos una nuez en el charco,
placer culpable, camino y centro, entérate de lo que comienzas con esfuerzo,
a perseguir estrellas malhechas y cansadas de alumbrar.


Cierra su puerta el vecino,
cual es su trato su vista oscura,
el margen de los murmullos,
el vino en su garganta hiere en su interior
la usanza de encontrarse a diario,
las costumbres han hecho de él las seguras tablas que lo encierran.


Los turistas por las veredas, brindan alegres sus aires del norte.

La enferma raíz de los días agradables,
los dolores que lo alegran, respira callado,
y nos quedamos hablándole,
ahora que su nombre es un hilo agitado en la pupila llorosa
de la memoria.     



nube

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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