jueves, 29 de mayo de 2014

de LA DAMA EBRIA


1
Sin embargo, después del desayuno todo es más sencillo.  Usar los verbos que subrayo en las orillas del diccionario, los corazoncitos que me deja el vino en el papel, breves versos en siluetas fumando hierba y otras sensaciones.

  
2
De la angustia destila el vino que  me quedó atragantado con los años en un  pámpano dormido como en un  vericueto sagrado en las montañas.
Así reverdece mi adolescencia en una bruma de mi garganta con   un sabor doloroso,
a vino pasmado que me hizo escaras en los ojos buscando la melodiosa corriente del  agua donde fue savia.
El vecino que no regresó  y las palomas
que entran vestidas de reinas
luciéndose rudas hoy damiselas en esa lúgubre estación.
Si fueron o no fueron tan atroces, aquellos de esos años,
como se cuenta.
Yo que  ahora quiero relucir como una brizna
que persiste apenas verde y tiembla
en el árbol de mi antejardín,
pues mayor ostentación los demás colorean
con arrugas de caras
con dedos de artritis,
y vamos poniéndole nombre a lo que no logramos adivinar
y nos da ira que se nos venga la tempestad
cuando estamos en familia,
tan tibios y salvados.
En ese océano, después de rescatados,
todos sabíamos nadar.

3
Caminamos juntas,  las dos
 rumbo arriba hasta la gruta.
Tu falda negra tu pie cansino,
tu voz tu boca tiemblan como espejismo,
tú y yo sabemos que no será el final en ese asiento.
La cruz entre tus manos,
mis manos que te retienen,
el cristal  que ordena las nubes que oprimes,
y los rostros cobijados que no quieres ver.
Nadie está en  esta oración de tu virgencita vieja.
Oyes  las que te criaron,
dulcemente lloran en la  acera,
el viento ralo sobre las encanecidas cabezas
de los nacidos hace tiempo,
levántales la rosa del libro,
tu edad
que se desarma en ellas.
Que túnel nos sumerge en este camino,
donde vamos desconfiadas
como dos lanchas en tempestad,
y seguimos nuestra oración,
y te duermes en mi hombro.

4

Pasan ahora que la noche es una fosa
y los perros buscan donde pasar su hambre.
Qué quieren que ladran,
no queremos que mueran.
Que nos muestren su mirada ingenua
y nos pregunten qué hacemos nosotros
cuando no nos ven,  nosotros que no somos perros,
que no ladramos,
y cuando el hambre luce su esqueleto,
nos dejamos embaucar por la soleada silla frente al mar,
y esperamos que baje la noche
y nos dicte quién será el próximo herido. 


5
Estoy desolada como una mujer sin amor,  sin un hijo, sin casa,  sin hogar.  Sin padres, sin hermanos, sin trabajo, sin estudios.  Imagino que eso es la desolación.  Pero,  hay solución.

6
Se acaba con la luz con la estridencia,   el fin se amaña la ternura al fin y al cabo, todo ha de cumplir su designio ineluctable, su fatum. Y mañana un viejo día que cumplir,  como quien firma escrituras y escrituras de una construcción habitada por mil almas en pena.
7
Crisis de pánico
Me desperté a las cuatro con mi corazón perseguido por un león.

8
Busco la palabra como quien colecciona piedras, las soba, las huele, las pesa, y las ordena.  Y luego se pregunta cómo las ubica para que formen una torre.  Y  su creación que no es genuina, es caprichosa.


9
Qué decir,  qué nos pasa,  en qué delicado laberinto nos hemos perdido,  en qué rincón nos acompaña esa desamparada del estigma, esa perra tragando su placenta después de parir, la brazada que nos hunde y cabrillea en los días libres de la semana, nos llama y se acongoja y te quiere llevar, y me dice que es nuestra que nos tiene un surtidor de agua y nos abraza, qué trozo de piel le han desgarrado qué riel reluce en las fondas oscuras, no sé qué he soñado, de dónde se oyen las voces y esos glifos que se desvanecen cuando empiezo a leer la pequeña placa cubierta de lodo.
10
Quién es ella que hincada luce sus cabellos que ondean en el viento durante el temporal,
quién con sus ojos blancos rueda el cuerpo en el roquerío durante la noche,
la miro yo que me rindo a  la melancolía de la noche como un rapaz acostumbrado a la desesperación,
cuando el viento la zamarrea sobre su sangre,
la articula como un mar abierto hace siglos,
y está sola.  Sola como nacida de la  nada,
germinada en el fuego con sus crías  
en un sueño hundida en un tremedal,
retorciéndole el estómago en una ladera desolada,
mamándola con el llanto reprimido sobre dos flores de plástico y un girasol girando en el aire tibio
que pretende recordar la alegría.  
Quién es aquella que coge pájaros que emigran sin rumbo, quien 
la que mece un montículo de pajas sangrando tan apretado en sus costillas.




11
En la noche,
empapada mi falda por tu cuerpo llegado de la lluvia.
Besarnos a la orilla del Calle-calle entremetiéndonos en las sombras de otra orilla,
acribillándonos hace cuarenta años,
y en las manos de castañas y piñones,  tras  los abedules,
nos imita el movimiento del sol al otro lado del planeta.
Me guarecí entre tus ropas
cuando te abrías como un cardo rapado por el viento
hacia los cristales del aire con los ojos que cegados de
tu lengua temblando quemándome los hombros y
el torso y los quejidos amontonados
entre mis piernas,
fueron los constructores de un universo
dinamitado en este puente.







12
A esta hora me  gusta el frescor y esa humedad peligrosa,
ese frío que chilla como una braza  ahogada en un pozo,
el nacimiento azul de una tortuga, me gusta,  y también
el  verde movimiento de una rama tan firme del sur que con  el arrastre del agua y el temporal
se afirma como un ángel pródigo y asustadizo.


13
Las calles se iluminan más que de costumbre
porque el agua se desliza por las veredas
y las cunetas,
la gente camina apresurada,
los paraguas rebosan el agua,
vamos mirándonos  tranquilamente
como si fuéramos todos sembrando en la tierra
al mismo tiempo y para siempre. 

14
Rencor encierra con dureza su arma al acecho entre dos duras fronteras, las erres.



15
Repaso el tiempo  su respiración todo su dolor su secreto que no logro extirpar.

16
En el sillón estás tranquilo
en la luz de la tarde  que no es otra distinta,
es una tarde en que tú sabes que la anchura de la sombra
puede encenderse
como la noche se enciende
para  los  gatos que saltan con los ojos cerrados,
y arrancan y saltan sobre tejados. 
Así,  lo que parece tan natural fermenta
en nuestros vientres,
aunque escupa escarabajos la boca fatigosa
y cala al fondo el punzón en un tálamo líquido
rozándose   nuestras caras.
En fin,  los amores
perviven en esa extensión amanecida
de esa fuente turbia y lenta en que se alzan
como un raro  sol.



17
Cuando no estoy en el mundo enciendo mi lámpara y pongo el foco directo a mis ojos e imagino que es el sol y despierto así, me da mucho miedo quedar adentro que es afuera de todo.

18
Tu cara cansada pegada a su piel, mujer
que   tus ojos dicta  el agua
sobre los rieles
de esa estación
¡qué envidia el destello¡
Que sigue el hielo de mujer escuálida de frágiles huesos
que  cabizbaja camina en la turba
y nuestras miradas se intersectan
disimuladamente en el andén viejo y solitario.
La lluvia que penetra  el crepúsculo brutal de la noche
deforma el nudo su garganta
que canta la chispa  a medios tonos.
Dos chapoteando en fierros oxidados
dos  amantes somos de nubes,  dos solitarias
en la construcción de caminos
y malezas abandonadas
en la estación de  otrora,
la última atisba, apenas,  la calva luz  de la ternura,
vacilación íntima,
qué haces con tu soledad
en la estación  atestada de rostros en pena
y apremiantes que inquietan sus muecas
en las cosas  ya desvanecidas
que permanecen en el polvo
de las molduras del asiento
donde  te quedaste a oír.





19
Una  vez escondí todos los recuerdos
cada objeto hundido en mí
lo oculté debajo de mis ropas,  aunque engrosara, 
fuera menos atractiva,
todo se me juntara como había vivido
arrimando a todas horas,
juntando  desperdicios,
y trabajé  quise  hacer de mí un duro muelle
y una amplia desembocadura,
ahora que las ilusiones son barriadas de la infancia,
que a esta edad poco atractivo me encarga,
yo voy a renunciar al trajín de la rutina,
seré el grumo irresistible del postre,
del vulgo la relumbrosa piedra inaccesible,  rapaz  bailando en el fuego,
quizás la copa capaz quieras o no
cortar la caricia
cada cálida cosa querida
cadenciosa en  casa,
y cuando vengas
vas a ver que no me hiciste falta.
  



Antes que el sol se entierre en los montes y sus sombras se hagan de noche

viernes, 16 de mayo de 2014

GRACIAS A TODOS LOS AMIGOS, PROFESORES Y ALUMNOS QUE NOS ACOMPAÑARON A DESPEDIR A NUESTRO HERMANO, CUÑADO, TÍO, HIJO, PROFESOR Y DIRECTOR DE LA ESCUELA RURAL TRES CHIFLONES DE CORRAL, MIGUEL RUBÉN AGÜERO CAVELLAT

Volveremos a vernos, hermano
para brindar
para que todos juntos abarquemos esos mundos
que  tú nos indicaste.

Porque a medida que
avanza esta civilización
nuestros rasgos se están haciendo piedra,
pero tú nos dejaste un ejemplo...

como el mar que no termina su canción
hasta la orilla
con su embalaje de amor...

Así te tendremos con el corazón corriendo
entre montañas y abismos
y donde sea

- eras esmero y alegría-

tus ganas de reír y de querernos de brindarnos
el deseo de estar juntos
buscando cuánto vayamos confirmando...

que si es tiempo de volvernos sensibles
como el pájaro
nos trina y el gato viejo nos maúlla
para alimentarlos...

y humano, más humano
para reconocerlos

en esta esfera solitaria del planeta te veremos
en una estrella
donde convivimos, querido hermano,
donde convivimos...

adiós nunca, querido Juanito,
todos los días
buenos días.

ar

La poesía es como un paisaje, es, está. Es una expresión que se hace con palabras, tú sabes qué puedes hacer con ella, tú descubrirás qué puede entregarte, hacerte cambiar a ti y al mundo. Yo solo te puedo decir que vivo con ella.

VINO SANTO


1
Estas son palabras sacadas de un libro 
que un puñado de murciélagos
cruzó en el mar.

Rascó  la sangre de nuestras heridas
en  esta realidad insoslayable,

y  un  universo alucinado en la estepa gris
en la espina de la danza
hizo un edén al picaflor
que la rama hirió por si callaba. 

Una sangría  despertó la ternura en su pelaje
y el  instinto  lo arrastró
alejándolo  más y más

en busca de otra carne.

Hoy es un alto farol
en medianoche
que  ha roto un  resuello

de los que duermen con luz,

pues teme
que el agua remonte del abismo

y lo vuelva al mar.


2
Soplan vientos en otros valles
en cuestas áridas,
raspan claros cimientos
soplan arcaicas voces
y vamos indagando el futuro.
Soplan penosas plegarias a los muertos.
Olvidamos luego los lugares remendados de un viejo lienzo,
un destello,
pero cualquier mancha  es   piedra agusanada
es tibia  memoria,
que nos trae  la  felicidad
a las calles concurridas,
pero  parece salir  del cuerpo
un hedor a intimidad de amantes
que se irán al amanecer.
Como si no entendieras mi queja
ladeas  tu cabeza,
y un trueno
me trae el  resquemor
ese gris de duelos que dejó nuestra mirada
en el aire, en ese  banco,
en esos desconocidos,
que hacen preguntas y ellos mismos
se dan las  respuestas
y qué puedo decirles yo,
que también soy cobarde.



3
Saqué  el alfiler del costurero en  medianoche
y no pude dejar de estornudar,
despertaron,
yo estaba feliz que miraran cuando hilaba el mantel
para mañana.
Nos dimos  un abrazo dulce en el campo
y la granizada nos mojó.
Urdí también las medias, bordé las sábanas
y no volví a hablarle,
pero supe siempre que el retrato iluminaba la mirada
como centinela voraz
en alguna  habitación.






4
Tembló me dijiste y me quedé a tu lado
como quien tira el dado mayor
con la pausa de un fruto a punto de caer,
escuchando el tictac del reloj a pilas.
Tu paso hizo ruido en el riel cubierto de hierba seca
y soñé que a alguien abrazaba
y muchas fueron las propuestas a  elegir,
la entrecortada explicación hizo natural el rumbo
con la confianza de un espadachín
que es observado descansando.


5
Ya no estás.
Sepulta tu hoja escrita de filos de tinta
en la poza de tus  aguas
donde sorbiste
el último respiro
para las amapolas ebrias
de tus noches de amor.
Tu madre me contó
que en las veredas celebraste  el cumpleaños número 20,
los juegos artificiales se apagaron a tiempo,
y no prendió tu vestido de organza.
Tus zapatos de charol en los cincuenta
se quedaron a los pies de tu cama.
Oh niña de los bucles sintéticos, de los pechos soñados y tu boca de almácigo, 
aquí tienes una flor de noviembre,
con una raíz eterna
y un labial.













6
Pasa el tiempo.
El humo de las chimeneas cubre los techos y la polución se pega en las ventanas.
Me sorprende  ver su cara frente a lo demás.
Lo hago pasar,  la once está servida.
Hablamos del matorral donde cayó un zafiro
en la cabeza de un San Juan y le dio el resplandor de una edad sin límites
y sin púrpuras innecesarias.
La televisión daba  su novela,  miramos extrañados aquellos conflictos inventados en la tarde nuestra.
Ahora, sus ojos descienden al insecto que yace en el piso.
Toma mi mano y me dice que es tarde.
No es tarde le respondo,
los hospitales están colmados,  el destello de una luz  nos rompe el alma,
y le repito  que no es tarde,
para tomar el San Juan y devolverlo a su lugar
nomás dejarlo que respire.












7
El niño volaba en el cuarto oscuro sollozando de dolor
acompañado por la abuela,
la sirena quedó marcando su agudo decibel
a la hora del té,
y no peinó su cabello ni su mate fue por su garganta,
sacó sus vestidos de percal
que vestía en el mercado de su juventud,
pidió la leche desgarrada del relato
quedándose sentada
al oír la noticia en la radio,
subió la gradería como si quisiera subir a un madero,
tomó el anzuelo como a la humanidad total,
no quiero me dijo afinar mi pecho,
la cuita se llenó de gotas por  sus pómulos fervientes de lo desconocido,
cabeceando por los sillones
como una demente
se desprendió poco a poco del cuerpito sin síntomas,
y en el escritorio
la fotografía de un niño resbala
en el pisa-papel.
8
Pasamos de vitrina en vitrina mirando las parcas, pantalones y camisas, hasta encontrar la corbatita aquella,
la que usaste para el matrimonio.
Caíste en desgracia  ¿recuerdas?
El licor de alto grado
te trajo las muñecas que te molestaron en la pesadilla,
 y las hiciste bailar hasta matarlas.
Sí, fue lamentable, pero nos reímos de la situación.
Tus piernas inconmensurables en la sala de esa casa elegante, lejos de nuestro status,
tu cabeza arrastrándose por el piso,
José que agarró tus cabellos y me miraste con tanta ternura,
todos gritaban jolgoriosos y me miraste otra vez.
¿Qué podía hacer contigo cuando te llevaron?. 

9
No odio a quienes no agrado,
pues abierta está  mi vida  
mostrándome una hebra luminosa
allá en el cielo
para distraerlos.
¿quién mira  la quemada basura
o mis vestidos que no alcanzo a secar?,
arrecia el temporal de lluvia con el viento en la ciudad y sus habitantes adentro de sus casas
arrimados al  fuego.
Yo quiero  saber tu nombre y adonde vives,
por si alguna vez carezco
de alimentos
y las palabras no logren pasar
por mi laringe.

10
Mañana es navidad
y el sol muestra la vegetación resplandeciente
del verde sur que nos  recorta
tan bien el cielo,
aprovecha en mirar antes que la técnica cambie  de estilo,
que el agua mugrosa se te pegue en los labios,
y la indiferencia te envenene los ojos.
Ya no sueño que vuelvo al  desierto
que enlazo un jote caliente
a mi  lágrima antigua,
ya no sueño casi nada,
sin embargo, sé que mi corazón es tan ingenuo,
un  trineo
un columpio,
y  arriba mi  cabeza  equilibra  al  pájaro
que no morirá,
pues quién  ha visto a alguno  haciendo arcadas.
Todo sigue brillando como un rubí.
Desato la cinta de mi  regalo para mi niño profundo,
para el niño que me llena la imaginación,
para que soñemos  lo hago entrar,
con compasión,
con compasión.








11
Tan joven murió quien admiró al general macabro
y me amó  como quien dice
para lucir un sombrero alón, 
para quedarse conmigo como si no tuviera más hogar,
así esperé  al angelito colosal de unos sueños locos de mi adolescencia,
- cambiarías dijiste en democracia -
amamos el paseo   Atskinson y mirar los buques de la bahía, contemplar a los pintores,
frotarnos con disimulo y brindar con cerveza nuestro amor.
Mis cincuenta años amanecen de buena gana.
A pesar de  tu no-amor,
desta democracia
y tú estés bajo tierra.

12

No es poema de amor este abalorio
que se ha iniciado por el hambre
que nos da la medianoche.
Es el eco que se empeña en agraviarnos la boca
y mi joven amor no quiere cursilerías
en esta madrugada
que lubriquen el canto.
Una escuela nos cerró la puerta
porque ya es tarde leer con esas letras,
y envolvernos en un perfume barato.
La sirena vocinglera,
un incendio forestal,
un motor,
varias son las razones para estar despiertos
enfermos de alerta,
y no querer más que contemplar el techo,
ahora que todo se está haciendo humo.

13
Me da un sueño profundo,
el viento mueve mis faldas,
entro en mi cuarto a leer,
las flores secas que guardo se escapan
y ante mis ojos los años pasan,
los hijos son pequeños,
me están bautizando en la Iglesia San Marcos de Arica,
mi madre en Huara y su tío a caballo
con el rostro vuelto al trasero,
lleva harina para el pan
es la crisis del 31,
mi abuela y mis tías del Perú
levantan el pañuelo a
mis tíos en algún ingenio,
recogen frutos
y mi bisabuelo
en una guanera lanzándose al mar.

14

Un traspié
por los decorados del escenario
vale un apagón de luz,
la chispa
burlona que decapita.
Me  sigo tropezando,
a la vera de los caminos
chirriantes de vehículos
y la flor marchita que mi mano tiró,
no da el jugo
que correría por mi cuerpo
a cambio de una ternura pueril ,
¿qué sugiere la espina en mi labio
qué grita mi olfato
qué azuza las huellas,
qué se desprende de cada error?

15
Te imagino fría tan fría como un muro
aplastando  ahogados
en la arena  profunda del mar, 
tan ágil como un roedor,
tan vastamente invisible como un secreto crimen,
y nadie te espera,
y nadie te quiere
y caminas al lado nuestro.
No faltas a ninguna reunión, ni un pensamiento está vacío de ti,
la única cualidad que puedo valorarte
que no discriminas entre las flores, animales, insectos, ratones, hambrientos, ricos.
Tiendes tu mano al fin y al cabo.    


16
Frente a la orilla yacen los faluchos
en el mar tan tranquilo.
Tú  de espaldas a la casa  y mis plantas arden en la conchuela.
Tu rostro sonríe a las gaviotas o a las nubes y al haz de los pinos
sobre su sombra serena.
Te llamo por breves momentos y me detengo ante esos muslos encallados y tus brazos plegados a las caderas,
Las copas que portas efervescen los cuerpos que se acercan,
en un viento caliente de hermosuras.
Tanto beso desasiéndose en lavas.
Así vamos despojándonos  entre esas sombras espinosas y la arena suelta,
derramando el champagne  en la ropa.

17
Hace unos años te entregué mi libro cuando eras un desconocido cuando no tenía una esperanza que barriera lo tedioso y me  acercara a ti.
Que tus ojos pegaran su color extraordinario en un estado de cosas tan apartadas del dinero,
Allí me acerqué y puse en tus manos mis versos rudimentarios, me gusta esta palabra que raspa,
estas son nuevas líneas que dibujaron la voz de un político, el verbo altisonante del reportero,  la  seña nerviosa de una encargada de cultura confusa en el evento.  
Y allí estás con tu rostro cetrino y pétreo en mi boca que declama mi libro,  buscándome en las palabras una caída truculenta que se refiera a ti,
y me digas tu nombre y me digas que hace unos años te dije mi nombre.

18
27-F

Remiendo una red como el océano
y como el sol que  vaga inocente
sobre las huellas,
las cabezas arrastran las  cabelleras
por el litoral,
sacude  los techos de las casas
y el sol  arde sobre las que se llevó el mar. 
Punto a punto
una voz a otra voz que viene
con el ruido de las olas
rezumando la red y
el ruido que cruza a la tierra.

19
Esta ansiedad y esta descomposición tan temprano 
cuando echo a circular mis piernas sobre el asfalto
y los niños corretean en mi entorno,
mi  vista sigue a las endiabladas gaviotas que me cuelgan el mar y su roquerío
frente a mi puerta,
y yo estiro mis articulaciones.
Reúno los circos que en mi vida hubo,
le sonrío a mis vecinos y le doy los buenos días,
y me siento lentamente en el escaño a esperar,
a esperar nuevamente
que el latido se anime,
y la esperanza colorea de golpe el lecho de mis uñas
y mis encías.
Siento mojada mi lengua,
mi brassiere recupera su forma
mi boca pronuncia, mi pantalón y mi vientre
y  mis glúteos curvan su horizonte a un techo celeste.
Entonces mi honda respiración,
mi regocijo,
digo en alta voz que quiero una fruta
y me deshago en ella con su finitud 
y placer.






20
Quien  lanzó los dados en  el mesón
encontrará el que cayó,
el que está escrito  en sus fisuras.
Quien espera a sus amigos,
los que sufrimos con él, 
el cirio prendido por sus pupilas blancas,
él está mirando la llama.
Aun  el poste está quebrado,
se enciende en su orificio superior,
donde quedó dormido el pájaro.
Nosotros
que no lo hemos olvidado
en la mesa de los dados lanzados
perseguimos
sus manos sobre el mantel
que se arruga
donde  acostumbraba a sentarse.




21
Cuídame de lejos,
que no se note  la ilusión
que nos fabrica
tantas seguridades.
Que nuestra convivencia no es una flor a regar y
en este paraíso los frutos
no alcanzan para todos,
para qué me preguntas del drugstore y el logos.
Sin embargo el origen del afecto es un misterio hormonal,
surgió como el agua y siguió bebiéndose.
¿qué me nutre en esta cuesta
de relámpagos que nos atraviesan la piel?
Déjame ser lo que soy entre astros y pavimento
y vivir lo que vivo oyendo a los demás en otros estadios, querer llamarlos para desarmar matorrales
palpitar con su murmullo, evitar el desorden mental.
Estás en la mesa por devoción,
en laberintos invisibles, desde allí te llamaré
para que me ayudes a cargar la bandeja
de los que se quedaron antes de la frontera
y dejen su ofrecimiento
y no ocupen lugar en balde.

22
Bajamos del tren hacinado de pasajeros, corrimos hacia la avenida Miraflores, conversábamos esa tarde pendientes que no se nos acercaran y avanzábamos rápidamente sin que se notara. Se abalanzarían a nosotros nos dispararían, esa hora en que ya entraría el sol, y veníamos hambrientos.


23
Creíste que no vendría porque en los setenta yo estuve perdida en un barco,
o en una casa vieja,
ya no recuerdo  bien.
Se me apuntaba permanentemente,
y mis manos quedaron entrelazadas a los huesos para siempre.
Ya nadie me saluda,
menos los que estudiaron una carrera y
tienen una gran casa.
Mi silla de  rueda llegó hasta donde tú siempre esperaste que yo llegara.
Yo seguí con su retrato sobre mis piernas,
estaba ella enloquecida, mi compañera.
Desalentó cada niño en sus brazos  y los despidió uno a uno,
hasta que dijo basta.
Y desapareció
como  un moscardón impertinente
echado por la ventana.

24

TUS HUELLAS
Mi casa está plagada de tus huellas
a media tarde y el resto del día
aparcen tus zapatos  grabados
en  las tablas que cuelgan con tu labio torcido
para que nadie se entere de este crimen pasional
y se oye tu vocal aguda como un cardo
espinoso que me llama con la voz gutural desde el  fango,
porque estucan el estuche hasta horadar
el fondo y nuestra alianza como víbora famélica.
Te grité que me olvidaras que escondieras mis cuchillos
que no vieras las  entrañas que mancharon el  tapiz.
Puntapiés de Circe me dijo mi madre.

Te rogué que no  expulsaras de la gruta que oculta el abrigo tanto  tiempo.
No tengo tus mapas ni la carta mordida
con tu escupo
para encontrarte,
no tengo aquella que me enlazó a un poste
y quedé abrasada
por el sol de un espejo. 
Fuera de aquí
fuera
hacia donde los cuerpos se gastan la piel en un río.
25
Sin reputación
Un día recorriendo montículos pesados
cerca de mi departamento decidí casarme.
Yo decidí casarme.
Pues de  todo  lo cotidiano me faltaba el placer,
y de allí llegaron los hijos, y dejé mi trabajo.
Medea, yo no quiero entrometerme en tu vida,
pero acaso me niegas, 
que de los pesares este es el más pesado.
Tuviste mala suerte,
fuiste una lechuza agorera de  tsunamis,
te exaltaste con zapatos nuevos en la discogay,
te vaciaron
como la flor del loto
prolijamente,
cómo saber para que no cayeras tú o él.
Buscarle el jugo a otros ojos nos agravian en un retrato sin fotografía, 
y nos repudian,
una calvicie en el resort de moda
sería imprudente.
Y vamos como el canguro de tumbo en tumbo.








26
PIEDRAS

Las piedras caen  una a una mirándose
como rostros resentidos
que se amaron alguna vez en una cama redonda
con colchón de agua y
peces multicolores
cosquilleándose.
El tostadero donde una vez puse mi palma
porque juré por tu amada boca de vientos
que también juró en su condición etérea.
Si lo hubiera sabido
hubiera dejado las rosas con espinas
y la poda me hubiera ahorrado la molestia,
y no hubiera hecho incendios
donde la fruta comenzaba a pudrirse.

27

El poste está cincuenta y tres años en la entrada dando luz a mi casa
sobre el alero,
sobre el gato  y los pájaros,
haciendo sombra a los humildes
con aplomo de propietario  los que son dueños.
Llega el conductor de la empresa,  nos asomamos y pensamos que no hemos pagado la luz,
siguen  su maniobra en los cables eléctricos.
Esta noche me he asomado a ver el foco en la oscuridad,
los pájaros  volaron a sus nidos,
el gato yace en el suelo.




28
Hagamos un paréntesis en esta semana.
Me levanté tarde,  corrí la cortina y asomé mi cuello por la ventana.
Pasó una paloma, una vecina tiró un balde de agua o simplemente alguien escupió.
Hagamos un paréntesis,  digo,   suena el celular, ha fallecido mi viejo maestro, la secretaria del doctor me  ha cambiado la hora,  la consulta será la próxima semana.
Se casa mi sobrina, pero no podré viajar al centro del país.
La algazara se hace más chillona en los paréntesis,  me siento compungida, con la boca llena.  Miro el cielo, el otoño ya se acerca irónico este verano.
He de traducir a mi querido Celan,  debo darme prisa,   el viento ha removido la cortina de su cauce, 
no sé si cerrar el paréntesis o abrir otro, este se me  está haciendo estrecho,
y no quiero prolongar la vida entre paréntesis, entre paréntesis,  ya es tarde,  vuelvo a trabajar, es lo que hago al cerrar el paréntesis.


29
En esta curva avanzan vehículos suavemente,  el sol caldea las cabezas de los conductores,
les hacemos señales para que se detengan,
un girón de la bandera yace en el barro,   el  vaho se levanta al cielo,
los niños corren gritando de aburridos,
los bocinazos nos ensordecen y compramos un helado,  otros  compran bebidas,


el gustillo al café de la mañana aun rasca mi lengua.
Un hombre orina,  un baladro me enloquece,
un murmullo y todos corren levantando polvareda y barro,
cansados en esta carretera en primavera en un feriado,
el parque del recuerdo está luego de este tramo bochornoso.

30
Ha sucedido el día en ciertas horas.
Me lastimó en alguna, en otras fui la fortificada arena que no tumbó el viento.
Mi cuerpo arreció en cataratas sobre la roca
y di un beso al agua.
La emanación del  cieno encerró en mis ojos
la salina tumba de Eurídice,
y su mojada cabellera se enredó  a los faros destruidos
de la tormenta
que sufren por mí,
es dolorosa la vacilación
en los rincones sin hambre
que están gestando estrellas benignas
en el césped.



31


Anoche jugué con la llama lábil de la vela que tenía   en mi velador sobre los libros,
rodeada por mi  celular y mis libros de poemas de Shakespeare,
Juan Cameron, Westphalen, Jorge Boccanera
y mi amigo boliviano,  que espero que le den mar,  Gabriel Chávez Casazola,  yo creo que es Casasola, pero en fin.
Las voces no me molestaron.
Entró un murciélago a mi habitación,
en la quinta oscilación de la mecha, al quemarme la cofia del pelo me incorporé, 
desperté a mi marido que como siempre estaba roncando,
arremetió sobresaltado tomó el tridente y lo ensartó.
Llegaron unos señores de blanco y me llevaron maniatada,
inútil fue explicarles que los murciélagos no habían sido invitados a la fiesta,
y me  sonrieron sin escucharme. 
32

Por las calles  tartajea su cuerpo que  arrastra
desde la buhardilla  al hospital
el día que salió  sangreada
de la guerrilla
con  su labio partido,
canta loca canta que tu mal arrancas
el mal de tu  temblor.
Devastó tu niñez,
sé bien quién te acompañó en las lides auténticas de la  lealtad al tutor,
la obligada ruta maloliente de las campañas electorales,
pero no estabas aun ideologizada,
la espina es bífida como una lengua a oscuras,
sol y sombra sobre la carpa,
tu boca deseosa no encontraba el destino de su lascivia ,
el calendario empieza a encorvar tus huesos,  pequeña,
malherida te ven los  acaudalados de flores y perfumes
y husmean ya los papeles que no firmarás  en  tu tratamiento
tan caro,
pero no eres la única  de la población.  


33
Esta la tarde celeste habitada desolada fresca sí con esa humedad olorosa en medio de la multitud cuando he salido a las calles,
han pasado millones de instantes,
los llevo en todas las imágenes multiplicadas infinitamente.
Adolescente todavía en este tiempo sin pudor,  figurín a medias, la tirria de lo que no supe lograr,
sin embargo,
la tarde me duele y estoy feliz  extrañamente ,
es una lágrima dulce la que me soborna.
El solfeo francés de Jacques Brel en Valparaíso en el 71,
Los parapluies de Cherburgo con mi corazón recién hecho
los cristales se empañan,  es un cristal de la memoria.
34

Mira los restos,  amigo.
Lo que late en nuestros caminos que siempre quisimos y arredrados dejamos debajo de los cimientos.
Nosotros que hemos distorsionado la vida
de este mundo,
y no el mundo  a la vida.
Mira como nuestra piedra ruge en un tiempo
la sin memoria cautiva
la toda tranquila alma
si quisiera decir.
Todo lo que nos botó a la ribera.
Lo que abre en la amígdala
un surco a oscuras,
si abres la boca trabarás
la roca enferma,
que nunca estuvo en el mar.



35
Oye
a ti te hablo
los huesos de tu tumba.
¿Dónde está la carne que tembló
En mi carne?,
¿Dónde las estrellas que pobladas
Hundieron su sangre
En la noche,
Y se vaciaron
en  un eje abriéndose a mis formas
como  antigua forma de repetir suplicios.
Sostengo la mirada  entre los árboles y piedras
Y veo  acercarse a oscuras la tez que acaricio
en  tu panteón.
Mi encía desdentada se  asemeja
a los sabores vinosos
de las viñas donde el pozo
te cobija tan callado y flaco
hasta que vengo
al rinconcito nuestro donde  fragmenté tu cuerpo
y te digo  que los lugares
donde te he esparcido
son sacramentados
por un pueblo legendario
de mi corazón.

36
Me da vergüenza decir que gozo en esta casi sombría mañana y ruidos de máquina de corte de leña,
y un rezagado  pájaro en un nido lleno y húmedo perdido entre las sombras mojadas de uno sin corazón.
hay un alegría triste debajo de mis ojos mirándome el centro de la tierra que yace dentro como un volcán,
me da vergüenza querer vivir entre esos pozos y ese mar, entre su mirada y su queja, decir que yazgo aquí  con mi carne herible y mis manos prestas a abrazar. 
El sol y la noche dialogan permanentemente. 





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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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