sábado, 5 de octubre de 2013

Mosaico de mujer descalza

1
El reflejo de una ausencia en los objetos
es un asta enterrada
y nos hace llorar
como una batalla
que imaginamos solamente.

En un parque indecisa
confundo a  mis ojos como el cristal al agua
que instila residuos.
Y me voy agua abajo con mi esperanza oscura
con los huesos porosos
                 con mis labios frágiles.

Aún esa agonía se disuelve en otros dolores
como si me hubieras extraviado
lamentándolo por ti.
Escapamos de los  espejos,
los asientos vacíos bajo la lluvia,
y nos quedamos
sobre la grava,
sobre una hoja con líneas
y polvorienta.
Dos nombres de silencio y vergüenza.
Y el mundo corretea como una pelota
                                          delante de los niños.
*****
Podríamos remontar esa ladera
y partir hacia un lugar           
donde los motores no escandalicen.

El uno para el otro
en la bruma y en las piedras,
aunque no haya siesta nuestra en este redondel de añicos,
donde divisé tu rostro
por primera vez.

Busco un tierno animal doméstico
                                      que mire mi indiferencia.

Era una solicitud y cabía una respuesta,
te lo dije
en las atolondradas caminatas
de la ciudad.
Qué puedo negarte si eres una sensación de lluvia en el calor.
Y la sobremesa se extiende,
las risas eliminan la primera sílaba,
ya no podemos hablarnos.
La gente se acelera en los momentos que debe trabajar.
Algo vadea la estridencia.
El humo cubre el vidrio,
me voy quedando sola en este ruido,
en mi pulso
en esta serena mirada
y se abrirá la brasa
y el hielo
quemará este diario.

  

2

Porque mañana volverán los miedos,
otra ciudad
que nunca he visitado,
entonces, dejo  de respirar.
Pisas indeciso el azulejo quebrado
y arrugas con incuria  el último correo.
La flor mojada que después quedó en el suelo
el pan,
el plato,
la mesa,
los utensilios sencillos
que tocaban tus manos.

Es lila el arrebol que borrará el sol la próxima noche.  

  
3

Calla cuando esté enferma.
Ahora mis oídos son corazones
que dispares se caen
irresolutos en el mundo.
Tu vocecilla es una nota
que  en este tiempo indefinido  necesito.
Hay cambios.
Vamos por esta tarde de cambios
de sonidos y estertores que nos duelen
y nos rompe como a la red el filo
los nidos en la sangre. 
Calla cuando esté enferma,
cuando ningún día viejo venga a herirme.
Cuando   la pulpa
sea una fruta abierta
fuera de estación,
el jugo insípido  
fabricado con hilos sobrantes.

Aun la noche puede olerte para mí.  



4

La fluente de agua donde corretea la pluma
y la piel la razón ciega,
la incertidumbre que me aduerme
como a un niño a la orilla de la playa
y se descuida a la proximidad del agua.
Calla
como si callar creciera en la quietud
algo semejante al amor
algo que niega extinguirse
y la pluma de un ave que no se arrepiente
que ciegamente
avanza por el agua
que sueña su grandeza,
y la obsesión del poder
es inevitable,
no creceremos sino en esa intensidad
y nos perderemos de vista.



5


Hablamos del tiempo que perdido
celebramos como un rescate
sin herramientas ni efectos especiales, 
como levitando
en este  sistema,
y los momentos que no se olvidan
nos volverán a la piedra donde dormimos.
Qué se puede presumir con  melancolía,
esa esquirla
que revienta los poros cerrados,
que escurre al mar
una lava,
quemando  cartas anacrónicas
recortadas a la memoria.



6

Juré que fueron dos hondas
necesarias
para quitarle el aliento,
lo tomé entre mis manos como lo hice con él,
la palma enroscada se extiende
y la miel se acaba
por la extinción de las abejas.













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