jueves, 6 de diciembre de 2012

LAS CALLES


1
¿Qué haces tú en medio de esta violencia? Las selvas están llenas de barro, manantiales y aguas esmeraldas. El tarascón al acecho. El insulto te apaga la risotada por vulgar, qué haces en medio de tantos disparates si le brindaste a la vida tu eyaculación de estrellas. ¿Qué haces tan listo a morir en medio de las muertes? ¿Qué magia me dejaste al fin y al cabo?

2
Me pediste volver a la mesa donde el vino se hizo agua y la conversación alteró los ánimos de los vivientes de la calle que no enviaron las flores al atardecer.
Yo no quería olvidarte, pues en mi pecho quedó la vida juntos,  yo quise avisarte que nos iríamos separados por estas patrias divorciadas por la historia insensata de los gobernadores.   Toda esa inquietud que me aniquila en esta oscura frontera.
Intentaré para siempre hasta el último sorbete del vino amargo, respirar las rosas marchitas sobre el delantal de la mujer triste que yace a diario sentada vendiendo sus yerbas.    Me pediste volver, me pediste volver adonde el  agua se quedó torrentosa y apagó la voz en la mitad de la ceremonia y no quiso escuchar más.
Ya no puedo responder a la visión del carbonizado que ideó alguna vez un paraíso, y no pude soportar el golpe del martillo sobre el barniz rudimentario de su última habitación.
Todo ruge y rauda la brisa de las calles  se escucha y se huele como una lengua pegajosa que intenta hablar,  diseñar mapas mágicos para atraerte a la vida, porque  aunque el navegante haya perdido sus fuerzas y sus músculos hayan roto en las profundidades amenazantes todo interés por moverse,   hay un pensamiento minúsculo que yace entre sus paredes de carne y le grita y rasguña para rescatar al naciente nuevo.
Te quiero hablar, quiero estar y ser a tu lado un silencio al menos, una muerte al menos, porque no hay nada peor que el precipicio perpetuo.

3.

Anoche huiste como un gato extrañado después del trueno,
mis piernas yacían aún  como dos rayos afilados en la oscuridad y nuestros brazos
Se nos vinieron impetuosos como ahogados del  río al cuerpo salvador.
Los vampiros se colgaron al techo y allí quedamos uno sobre el otro
Como un bebé en los pechos de la madre.
Anoche te fuiste corriendo y las ventanas sonaron y apagaron mi grito.
Ven a terminar la película, debo sobrevivir.
El torrente no ha devuelto los cuerpos…allí quedamos.

4.

Detendré la tarde que hicimos una vertiente amorosa y romántica
Y que ninguna calzó el sol debajo de tu cintura,
Nadie supo donde encontrar el nudo enloquecedor
y ninguna escribirá en la noche a oscuras el  testamento póstumo
ensuciado con la sangre periódica.
Aún así te quise como como una gata a sus polluelos como la rata al gato,
Con soberbia y rencor.
Así te quise
Como al aire el fuego,
Como la ropa  al cuerpo en un ruin invierno donde las gacelas no lucen con ganas
Su andar diminuto.
Todo nuestro amor fue encantadoramente absurdo porque los derrotados se quedaron en las calles convencionales y falsas.
Yo sé que tu maloliente piel luego de la carrera será yo,  la pecadora
La licenciosa de los patios, la deseada a muerte,
pero no es liberada la entrada a este circo mi vida.
No me jodas porque no habrá más ambición de ti, así al menos.
Solo tú y tu alejamiento me harán traerte como al animal la carroña.

5.

No me quieras a pedazos,
no  infrinjas la quietud a mis cuerpos,
no me ames mutilada.
Pues  seré la mentira,
una más del mundo.

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

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