jueves, 13 de octubre de 2011



“LA DOBLE RESISTENCIA QUE ES” REINCIDENCIAS
(Notas sobre el último poemario de Ana Rosa Bustamante)
Por Antonio Arroyo Silva


El pasado  jueves 13 de octubre del presente se presentó el poemario de Ana Rosa Bustamante Reincidencias  en la sala de la Municipalidad de Valdivia (Chile). Libro publicado por la editorial Kultrun y financiado por CONARTE de la corporación cultural de dicha comunidad.
Me parece una novedad el hecho de que la obra haya sido prologada yendo más allá de los cánones del ensayo y sumergiéndose desde la apertura de la obra en el territorio de la poesía. Desde la visión que la poeta mexicana de Chiapas Ambar Past tiene no sólo de Ana Rosa y de su poética, con  lo cual  desde el principio se nos abre un amplio horizonte de diálogo textual y extratextual. Así la poeta le dice :

En su nido reseco me quedé a vivir…
Me hice templo de Ana Rosa Bustamante.
¡Oh, si fuera un sueño!
o una luz anónima
donde reincide.

La poesía como sueño y reincidencia, el lector y poeta que reconoce la habitación de la poeta y entra de su mano. Hacerse templo de la poeta cuando se lee, eso es prologar con poesía.

Jorge Rodríguez Padrón en su artículo sobre la poesía de la mujer en Hispanoamérica El barco de la luna, dice que sería un débil soporte considerar la poesía de la mujer como un soporte meramente biográfico si en esta mujer-poeta lo autobiográfico no se transforma en padecimiento del lenguaje, es decir, en una forma de apurar la lengua para que diga una experiencia. Es el caso de nuestra autora, el recuerdo se hace en este bello poemario es carne del poema. Una suerte de transposición y de trasvase desde un lado al otro de la escritura: desde el corazón al papel y donde la tinta es sangre del asombro.
No entiende el que escribe la memoria vertida en el poema por nuestra poeta como una lista de conocimientos, experiencias…pues ella sabe muy bien que la poesía no es el arte de un saber predeterminado. Tampoco la receta para obtener la certeza, sino todo lo contrario: la poesía (y en este caso la suya) es la expresión de la incertidumbre que a veces llega a ser desasosiego y a veces afirmación y celebración de esa mal llamada finitud. Vivimos y no nos reconocemos seres vivos, de carne y hueso, sino seres que han de trascender esa cárcel que es la vida y su entorno. Así que para abrir el poemario reconocerse humana y afirmarse mujer con todas las implicaciones terrenas, con todos los desasimientos de los dogmas impuestas a la mujer, es un tremendo acto de rebeldía de Ana Rosa Bustamante. Además nuestra autora demuestra que, si bien La Poesía es por sí mismo mujer, no es preciso separar la escritura según los géneros. La poesía, a pesar de ser un ser viviente y pertenecer a este mundo, va más allá, hacia un equilibrio inusitado y envolvente. Una doble resistencia, ante unos esquemas impuestos por una sociedad patriarcal y ante el sometimiento a las mismas. Ver que su lenguaje es fronterizo y optar por la vía del asombro y el atrevimiento, desde lo más íntimo del ser femenino hasta su análisis de la realidad. Como a las grandes poetas de nuestro territorio lingüístico, a Ana Rosa Bustamante

Por qué no he podido a pesar de los embustes
reconocer que no soy capaz,
no soy capaz de sostener sola esta tierra,
esto de sentirme responsable del mundo
que si partiera este planeta con un escupitajo
causando una avalancha
nadie me indicaría con el dedo extendido,
creyéndome la espada guardada siglos sin filo,
esos hombres,
esos hombres no son más que reyes de una vez
que pusieron precio a la lindura oliéndome
el perfume de la flor sujeta en mi oreja,
y así adivinaron,
huyeron.
No fui yo quién maldijo al mundo,
por mi culpa no se labora con el sudor de la muerte,
corté la rama entre brumas no miré la cáscara
y salí de las auroras dulces
sangrando entre las piernas
sin quejidos,
sin placer.


De esta manera, desde el reconocimiento de sus limitaciones, desde la asunción del peso que supone para la memoria lo que ha supuesto ser mujer, y toda la carga que la sociedad del hombre ha puesto sobre su piel, nuestra poeta emprende su viaje persistente, reincidente  desde su propia habitación. A través de una geografía que está más allá del espacio y el tiempo (simplemente porque desde esas magnitudes se reconocen los canteros y los relojes individuales del lector, se va extendiendo una eficacia expresiva). Ahí están los ríos de una intimidad comulgante, una sexualidad patentizada al mismo tiempo con el atrevimiento y el asombro de una mujer que no teme a caer al abismo.
Una característica muy importante que observo es el despojamiento de la carga ideológica referentes al feminismo tan al uso. Una constante (diría) que la une  (cada una con su voz) a la última poesía de la poeta también chilena Astrid Fugellie. Poéticamente, a mí entender, este despojamiento se suma a la eficacia expresiva, pues no limita ni establece, sólo enuncia y sobre todo “hace ver” no ya la realidad establecida sino todas las realidades. Es verdad, detrás de toda estética fluye una ética, pero que mejor ética que la de no mentir, como dice Olvido García Valdés. Que mejor ingrediente para crear conciencia, hacer que la poesía sea mujer y, como dice Ambar Past en su prólogo-poema, que mejor manera de hacernos templo con Ana Rosa Bustamante y con su verdad.


Sardina,- Gáldar- Canarias.
12 de octubre de 2011.



NOTA: Con la primera parte del enunciado que titula esta reseña Jorge Rodríguez Padrón principia su célebre artículo El barco de la luna. Clave femenina de la poesía hispanoamericana, publicado en Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2005. El artículo también es citado en el interior de mi reseña

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