miércoles, 31 de agosto de 2011

DESDE LA ORILLA DE MI OSCURIDAD

Desde  mi oscuridad
lanzo un martillo al lago
hasta formar el círculo mío,

no es importante,
sólo saber que tengo una curva de luz 
en el agua
para ahogarme.

Quién venga a sentarse en mi lugar
verá la mano
en las nubes
por el ocioso afán de dibujar  raíces
perdidas
en una espuma lejana.

En desorden  mis dientes apretados
en pos del vocablo poderoso,
ese deslucido aire
que mis ojos atraviesan
y se esmeran en leer el sino
que va rompiéndose
entre los bosques ajenos.

Entrevista silueta que temblorosa contemplo,
mi lengua arranca,
mi voz 
muda como las piedras,
me arrima a la hondonada nocturna
como un túnel solo, 

hasta que yo expire.

sábado, 27 de agosto de 2011

SED

Cambió los compases al aire
en mi sombra
mi frío y mi luz.

En mi casa sus pasos
perduran como  ceniza en los techos
y el agua a los pies
de algún tronco.


Abro  cortinas, 
los grises lugares que a diario 
conciernen  mi estado, 

la vida es rumbo desviado a desiertos, 
pues  la muerte busca el vacío
y, a veces,
yerra.

Quien  ríe dormido
reside en  relieves de luna
y es  la duda
de estar despierto 
o definitivamente,
ser un pensamiento azul entre las piedras
de un confinado jardín. 


Mis turbulencias 
lo amenazan
rompo puertas,
mis puntapiés 
lo compadecen 
y deja de burlarse
de mi pelaje húmedo,  

no goza con mi apariencia simia,
para él soy quien estremece
en su ventanal, 

lo  contemplo
lo beso, 


y
despierta
como un perro atropellado. 

Enredé en mis dedos  su pelo,
mi  mentón a su halo,
que una brisa conduce
a  llanuras
y enciende

el mohín tedioso de olvidos 
marcado en mi historia
lo espanta.

En  la calle
sus dedos finos, 
pareciera mujer que se agita.

Sueño su rumbo conmigo
por rumbos ordinarios
en un mundo que muerde
sus cálices abismos, 
y una flor no más, la muerte que tarda,

marchitada en las noches futuras,
en la tarde triste,
en ninguna mañana.

- Dulcemente suave -

no lo  conmueve ningún  iris maquillado
ni sexo desnudo
al suyo,

no entibia este lugar
donde reclino 
mi sed.

jueves, 25 de agosto de 2011

CAROLINA

                                        A una mujer





En mis brazos fue la  última seña de tus ojos,
despojaste las espinas
que me defendían en los túneles,
la dimensión de la luz de otro color
que levitas en mi memoria.
Áspero  y oscuro sendero
tiene la apariencia del color del  desierto
entre rocas y aceites arden armas en mi garganta,
cargándolas sigo junto  al   trecho de tu apagada lámpara.
La soga que me frota  el vientre
me duele,
se mueven tus cabellos en eterna misa interior
y la turbia lágrima que en mi párpado
nubla las noches
cierra    el puente
que me lleva  
a tus pausas.
Sacarte de mi entraña,
nuevamente darte a luz
volar con esta única ala
que me conduce apenas,
quiero de ese instante
del párpado helado
que tu cuerpo dejara cruel huella sobre mi cuerpo,
tejerte desde allí otra vida a mi costado,
quedes  montaña para nunca más
perderte,
¡hay vientos jugando afuera, niña ¡
¿qué hacen los vientos contigo?
¿qué dicen, qué gritan afuera?,
Merodean,  las horas,   las herraduras
que se hunden en el último polvo,  
ahora que
sé que me esperas,
cuando la vida disponga
aquí estoy:
fruto árbol
será primavera,
tú y yo,
juntas,
Hija mía,
juntas,

será primavera. 


jueves, 18 de agosto de 2011

La sonrisa del hartazgo

Ese eco
que este rumbo no termina,
pese a que quiero escapar
me  quedo
aquí 
      como una playa
                              susurrando.

Me cubro  
para atenuar el frío,
y arrimada al nido,
sobrevivir

pero, yo dudo
si volverá

no hay visión más temible
que lo invisible,

quiso renovar el viento
de los oscuros inviernos

o la pérdida irrevocable  de esta preña
que sangra 
lo  hiere
en la estría 
             donde se  abrió el cielo,

y quedamos 
con la  última sonrisa 
del hartazgo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Hierro

Del alimento,
la herrumbre en las veredas del hambre,
la violencia de las mordeduras las oculto hace años,
no recuerdo, 
no las recuerdo cuándo fueron.

Quien volara en la neblina como una bailarina mordida,
tan fría  como el duro desdén de los hombres audaces
no se vestirá  en galas.

Un hierro que afirme
devore
                 a golpes
y en el lodo se clave
en el fétido grabado de la noche
la dureza de los labios,
ojos 
y el corazón de la fría intimidad.

Del alimento,
la herrumbre que me ha asfixiado,


nunca más danzar
mis pies se niegan a todo movimiento. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Confusas sombras

El ruido de mis ropas yo pisaba la calle suavemente
para no templar las ropas ajenas,
la luz del laberinto desde mi niñez se construye con fuego atrevido
que sigilosa adentro me rompe ovarios y granada madura,
sigilosa bestia,
que domestico a diario
tiembla
tiembla,
el vocerío rompe mis tímpanos y me exhorta a esperar,
así,
sigo tras los colgados  los cojo y sobre los mojados bancos
me los acurruco y los acuno,
las sombras de la sombra me apela y yo la sigo
el silencio es una carpa negra que me apaña
rompe todo el incendio los brazos,
esta noche,
noche dura de boca voraz que me escucha cortesana
esta noche,
que este cuello se acomoda al cordel que no encuentro
para amarrarla, esta noche y no me siga, no me siga.
Me quedé bajo las estrellas que caen con sus puntas erectas.

martes, 9 de agosto de 2011




En el trasiego de la ciudad concurre cada mañana  a cumplir sus labores diarias.  En la tarde vuelve fatigado y sin optimismo a su casa,   anhela cambios,  lugares nuevos,  gestos amistosos, pero no es así.  Sabe que nada de lo que sueña será realizable,  se hace enemigo de su memoria y su imaginación, pues esta  lo traiciona como si ángeles se burlaran de él mostrándole brillantes caminos.    Envejece,  lo sabe,  y reflexiona con afán sobre sus proyectos, culpa a un destino, quizás a un dios, pero  el no quiere morir.  Está cansado de estar rodeado  de carencias  y actitudes exigentes.   Se ha paseado en  los moles,  en supermercados, las  tiendas  y allí se anima, recupera la confianza y su optimismo, obnubila  su existencia, pero al volver a su habitación vuelve a sumergirse en su soledad hasta la hora de dormir.

En la madrugada los ángeles bendicen  su casa
recogen  monedas buceando  el pavimento.
Se sienta  a esperarlos
como quien quiere ver pasar  sin vida a su enemigo.


Sus cabellos desaparecieron de su frente,
su seño acerca a los escritos que traduce
cada signo varias veces,
sus yemas van hundiéndose en su cuello:

¡dime en qué punto del riel puedo detenerme
y juntar mis trozos¡

quiero tocar con mi frente el cielo,

aun se arrugue y traduzca
hasta el aullido final
mudos signos.


los fonemas se confunden
son impertérritos decoros que sueltan los pájaros
de sus amargos intestinos,

trinan rebaten entre zócalos
y escapan.
¡Yo quiero tener alas, tenerlas
y me deshaga el paladar a gritos¡

****

Prefiere no mirar rostros modulando en la oscuridad
con  ceniza en la laringe
arrimado a las puertas de una cárcel.

Los perros de la ciudad resguardan sus colas.

Él se inclina,
él se anima,
se obnubila,
entrando a los escaparates
se ha resignado.

Su oído es el  radar de los que duermen y se doblan hacia
ensueños y a su  pan,
porque los que oyen himnos celestiales,
los que avanzan lúcidos en el trasiego,
han apagado la llama para no quemarse los labios.
Se vanagloria solo,
de sus sueños,
de su acierto y su vigor.

Luego, al caer la luz despejando toda duda,
sus ideas lo entrelazan con ansiedad en las noches
y  se tornan más negras
que su  estómago,
en esta,   - su ciudad –
farfulla,
se duerme
con la tibieza del que conversa
de horizontes que nunca navegó.

II


De frente a la  neblina esforcé mis ojos para verte y te alcancé: toqué tu silueta desvalida, palpé tu barbilla,  rocé tu mano alzada al cielo que agitaba sus  señas a unos ojos.  Me pediste apenas una sombra cubrirte con ella, mientras me asfixiaba de todas.

En una guerra
de piedras mis hombros se encogieron
y los niños corrieron entre abejas.
Fue difícil ofrecerte mi hospitalaria mano
en los paisajes agrestes
con mi sonrisa
fuera de lugar.

Dime si lloran esos ojos
o son peces
confundiendo a las eras
del profundo mar
buscando antiguas quejas.


III

La calma de una tarde
es un valle sin entierros,
cuando es prolongado el silencio largo canta el gallo antiguo,
y nos sumimos en la melancolía de un lejano solaz,
y damos gritos,
pataleamos
buscando el nervio.

Que otros quieran encender  la llama que yo apago,
inerte,
fatigada
como un bulto,

En  habitaciones imagino estar
con las camas hechas,
sábanas limpias,
y yo sin voluntad.

Cada tarde es una perspectiva de partir mañana
hasta donde el sol rompe el horizonte,
y la vida disminuye el aire en las células

y otro día más
de incertidumbres.

IV

Como un águila que soslaya cuánta jauría
me tendí en la hierba que no palpé
por si hubiera sangre fresca.

Rompí mis alas en la piedra
y un zumo goteando
me adormece,

la pancarta  cae,

esos años bestias
arañándonos de cuajo
a  mi viejo hermano
que no ha dado el agua
ni su voz es paz en su hora de muerte.

Enlacé cada flor a mis dedos,
mientras el ladrido a lo lejos
sin Quijote ni Sancho diera señales
de ventajas
ni serenos cuerdos.

Llegué, partí, volví,
puse cada  cuerpo  con su cruz
rige, roja luz en rejas rajadas
el viento con la lluvia desfilando
a la cárcava
sin puñado final.








viernes, 5 de agosto de 2011

PÓMULOS MORDIDOS


Escarbé a paso lento la oscuridad bajo el cielo cubierto 
en fresco estival,
lloré con mi sombra.
Seguí por senderos viejos,
donde los poetas de mansedumbre otoñal
ven visiones bajo el agua,
con la piel quemándole en un  desierto de  flores
estallando.

Los ríos nuestros escurren sus caudales
la eternidad es una permanente caída,
una cascada de cuerpos y pómulos mordidos,

una luna incólume en el profundo reflejo
y una cerviz inclinada
presta a levantarse de tanto apretar sus huesos.  

Yo esperaba que atendieran mi pedido en aquella fila,
y bajaron violentos,
armados
los hombres que aferrados a las murallas
abiertas sus piernas y sus rezos
rompían sus músculos
y temblaban,
al subir
no sabían que el mundo esparciría sus mariposas en pedazos,
y mi adolescencia una voz musitando, 
estos  años 
a la intemperie
desdibujarían los  sueños,


las larvas bullían en mi palma, 
yo las besaba, 
así creía que el fuego era una señal 
un sueño escondido en los párpados
con sus visiones 
las que nunca más retornarían,

pues  monedas rotas
a nadie alimenta, 
extraños espejos dorados
quemándonos las córneas. 

nube

Wordle: Bethany A
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LAKÚMA

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DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO

DAVID FERNANDO DUKE - PINTOR SALVADOREÑO
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